La «moda ecologista» y los incendios

Uxio Labarta
Uxio Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

ALEJANDRO CAMBA

28 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde los tiempos en que el paso del camión de Nistal y la pareja de la Guardia Civil, junto con el toque a rebato de las campanas, eran señal de alarma y urgencia para atender un fuego en el monte, no había oído argumento tan sobrado como el del Ejecutivo de Castilla y León y su consejero de Medio Ambiente para justificar su insustancial acción de gobierno. Y no porque a lo largo de todos estos años no hayamos oído en boca de nuestros gobernantes una gran variedad de verdades como puños que quedaron en nada.

Son historias que vienen de lejos. No solo de los tiempos del monopolio forestal de Patrimonio Forestal del Estado, luego Conservación de la Naturaleza, con aquel eslogan de los planes de desarrollo: «Cuando un monte se quema, algo suyo se quema», al que el escritor y humorista Jaume Perich apostilló con un «señor conde». Ni siquiera de los tiempos ya autonómicos de la ley de montes vecinales en mano común de 1989, hoy al fin en revisión, y la gran ola de incendios de entonces. Ni tampoco de aquellos del 2006 con fotografía del jefe de la oposición con manguera de jardín, ni de aquel terrorífico octubre de 2017 y la «trama de terrorismo incendiario» de Feijoo, desmentida entonces por el nuevo y denostado fiscal general del Estado, con gran desacougo de las derechas. Ni la más reciente del recurso al cambio climático que, siendo una hipótesis en confirmación, pasó de ser negado por Rajoy a servir actualmente tanto para un roto como para un descosido. Siendo el roto la reiterada ola de incendios por toda la península ibérica y el descosido —por decir uno aún no utilizado— la escasez de navaja o longueirón en lonjas o plazas gallegas.

Las sierras, fragas y núcleos de población incendiados, sean en O Courel, Ancares, Valdeorras, O Invernadoiro, en la sierra de la Culebra, Losacio, Monfragüe, o en tierras de Burgos o Ávila, son territorios con núcleos de población menguados, que el monte enseñorea. Un monte que gobiernos, ayuntamientos y propietarios son incapaces de gestionar con estrategias que superen la «industria del fuego» —la siempre costosa e ineficaz extinción—, y respondan con una acción integrada al hecho cierto de que los montes arden. Sea por despoblación, envejecimiento y abandono, alteración del ciclo de explotación, razones meteorológicas ocasionales como los rayos, o la acción interesada y criminal de quien les prende fuego aposta.