Presionado por el malestar general, por los resultados de las elecciones andaluzas, por sus barones, por el propio partido, por los escasos resultados de topar el gas y por la escalada de precios en el recibo de la luz en los últimos meses, el presidente Sánchez ha decidido rebajar a la mitad el IVA de la electricidad. Del 10 % al 5 %.
La reducción viene siendo una de las exigencias insistentes del PP de Núñez Feijoo, obviando que fue precisamente su exlíder, Mariano Rajoy, quien llevó el impuesto hasta el 21 %. Según dijo, para elevar la recaudación en 7.500 millones. Mala memoria. Como la del presidente Sánchez, que meses atrás negaba la conveniencia de una rebaja como la que hoy se aprueba porque el mercado estaba roto y la única solución posible era conseguir que Bruselas permitiera pone un tope al gas. La llamada excepción ibérica.
Pero la corrección del IVA que hoy se aprueba, dentro de un paquete de medidas anticrisis, no arranca con buenos augurios. Todo parecen inconvenientes. Es limitada en el tiempo, supondrá un ahorro de solo tres euros en las facturas, no tendrá efecto mientras falle el tope del gas, subirán el gas y la gasolina tras el verano, agrava la brecha entre lo rural y lo urbano, reducirá en dos décimas la inflación y el Estado dejará de ingresar unos 300 millones mensuales. La propia ministra Teresa Ribera reconoce que la medida no resolverá el problema de precios de la luz.
Y es que, el fracaso de las decisiones adoptadas hasta ahora, una sucesión de parches, indica que lo que se precisa es una estrategia global y continuada. En la que participen todos y que intervenga sobre el auténtico problema, que no es otro que el alto coste de la energía. Eso y actuar sobre los beneficios obscenos de las eléctricas, lo que Garamendi comparó con el exterminio nazi. Recordemos que las seis energéticas del Ibex cuadruplicaron en el 2021 sus beneficios con respecto al 2020.
Puede que lo que hoy apruebe el Consejo no tenga los resultados deseados. Y que el Ejecutivo se apunte otro revés. Porque desde niños nos iluminaron e insistieron en lo peligroso que resulta jugar con la electricidad. Hay que ser especialistas y muy cautos para hacerlo. Y este Gobierno, por lo visto, no lo es. Ha de andarse con cuidado porque puede electrocutarse.