¿Quiénes eran los buenos en Guernica?

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

ALEXANDER ERMOCHENKO | REUTERS

07 abr 2022 . Actualizado a las 19:10 h.

Afortunadamente, existe una mayoría sensata de españoles que viven con la firme convicción de que el respeto es la base sobre la que se construye una democracia y un país o un Estado. Sin respeto no hay futuro y, cuando se pierde, se abre una puerta hacia un abismo desconocido que no puede traer nada bueno. En los últimos días, quizá en los últimos meses también, hemos asistido a varias salidas de pata de banco que nos han hecho saltar de nuestros asientos y que nos han dejado un profundo malestar interno.

Vamos por la primera. En un programa en Telecinco se debatía sobre la intervención de Zelenski en el Parlamento. La periodista María Jamardo dijo que no le pareció bien que el ucraniano trajera a colación la comparación de la guerra de su país con el bombardeo de Guernica porque son dos cosas muy diferentes el conflicto que está ocurriendo en Ucrania y una guerra civil. Lo peor llegó con el razonamiento final de Jamardo sobre los acontecimientos de la icónica localidad vasca: «Ni el que bombardeaba era bueno ni los bombardeados eran tan buenos tampoco. Ni el que bombardeaba era malo ni los que eran bombardeados eran tan buenos». Un disparate tremendo, porque hablamos de un ataque con el único objetivo de matar a la población civil.

El segundo episodio deplorable lo protagoniza el diputado de Vox José María Sánchez, a quien no se le ocurrió otra cosa que comparar a Pedro Sánchez con Adolf Hitler y al ministro Bolaños con quien fue el ministro de la propaganda nazi, Joseph Goebbels. «Usted es un propagandista, como acaba de manifestar en su intervención, que deja en un párvulo alumno al doctor Goebbels. Y usted está al servicio de un sujeto que, manteniendo el símil, podemos decir que es como el Führer». José María Sánchez hay que recordar que tiene entre sus méritos el haber llamado «bruja» en su momento a la socialista Laura Berja. También entonces, el lío que se montó fue mayúsculo, con interrupción de la sesión parlamentaria durante diez minutos.