A Elon Musk lo define Forbes como el visionario que ha revolucionado los sistemas de transporte por tierra y aire. Ahora lo corona por primera vez como el hombre más rico del mundo. Con solo una palabra él puede transformar la fe de los mercados en un valor tan intangible como el de las criptomonedas. Y su técnica para los negocios es efectiva, pero peculiar. La última jugada al comprar un 9,2 % de Twitter lo demuestra. Musk era y es una de las voces más críticas con este servicio de mensaje cortos. Pocos días antes de hacer pública la compra, se dedicó a embarrar el terreno cuestionando la existencia de libertad de expresión en la plataforma y sus medidas de moderación. Incluso alentó una encuesta para pedir opiniones al respecto. La respuesta fue un no rotundo. Musk aseguró entonces que estaba pensando en crear él mismo un sistema de microblogs donde se velara por este principio.
En lugar de crear una nueva red social se compró la que ya existía y todo apunta a que quiere ser en ella algo más que un simple inversor. Ahora promueve otro sondeo que recoge una vieja reclamación de los usuarios: un botón de editar que permita corregir o cambiar los mensajes una vez publicados. Musk anima a la gente a pronunciarse sobre si quiere o no esta herramienta. Probablemente él ya haya tomado la decisión.