El último Pulso de España, que dirige el profesor José Juan Toharia para Metroscopia, del que habitualmente me hago eco por su solvencia, recoge una interesante percepción captada en la opinión pública española: la creciente desafección política del ciudadano se está transformando en incipiente esperanza de un tiempo nuevo y diferente.
Esa esperanza tiene que ser, en efecto, muy incipiente porque se basa en dos hechos que acaban de acontecer: el Gobierno prescinde de sus socios de coalición para las grandes decisiones y Núñez Feijoo hará una política de oposición sin dejarse impresionar por el aliento en la nuca de Vox.
Añado por mi cuenta que el Gobierno no solo se distancia de Unidas Podemos en el envío directo de material de defensa a la resistencia de Ucrania, sino que mantiene un pulso con sus socios por los impuestos. Así como el equipo Belarra-Irene Montero-Garzón propugna una subida rápida y fulminante (30.000 millones de euros) para las rentas altas, el equipo Sánchez-Bolaños-María Jesús Montero está por no tocar la reforma fiscal en los próximos dos años. Diríase que el sector de Unidas Podemos no quiere llegar a las elecciones sin castigar a los ricos y el sector socialista no quiere llegar a las elecciones habiendo castigado a unos contribuyentes que pueden ser sus votantes.
En el flanco conservador creo que está siendo decisiva la candidatura de Núñez Feijoo a la presidencia del PP no solo por lo apuntado de Vox, sino porque el ciudadano ve en él a un auténtico profesional de la política en el buen sentido de la expresión: un hombre plenamente entregado a la función pública que puede ofrecer resultados y cuya aspiración a gobernar no tiene nada de aventura para el votante, sea del PP o de cualquier otro partido. A esto debe añadir otro factor de última hora: Feijoo habla de pactos de Estado, que es la gran carencia de la relación entre el poder y la oposición en los últimos años de España.
Todo esto, en opinión de Toharia, fomenta «la ilusión de una posible canalización de la vida política hacia cauces de negociación, pactos y acuerdos, en vez de hacia desencuentros, descalificaciones mutuas y permanentes tensiones». No hace falta poner nombres a los responsables de esos rechazos, tantas veces degenerados en odios: están en todas las crónicas políticas de los últimos años. Sí es preciso celebrar que quizá estemos ante un cambio en las formas reclamado por los ciudadanos y necesario para destensar la vida del país.
Ojalá sea verdad. Yo me quedo esperando las encuestas que se estén haciendo ahora mismo, después del cambio de posición de Sánchez —«evolución», dice el ministro Albares—y después de la aparición en escena de Feijoo. Si esas encuestas confirman las impresiones de Toharia, se podrá certificar que la política española, efectivamente, ha cambiado y ese cambio es premiado por la sociedad.