Con motivo del trágico accidente del barco Villa de Pitanxo en aguas próximas a la isla canadiense de Terranova, que ha causado la desaparición de doce de sus tripulantes, la muerte de nueve y solo tres supervivientes, es interesante reflexionar sobre las olas y la energía que producen.
Las olas son ondas que se desplazan a través de la superficie de mares, océanos, lagos, etcétera. La energía de las olas procede del Sol. Cuando el Sol calienta la Tierra lo hace de forma desigual en función de los distintos materiales de su superficie. Eso provoca diferencias de temperatura que originan movimientos de aire, es decir, viento. Ese viento es el que mueve el agua del mar, originando las olas, que son ondas, es decir, oscilaciones del agua (subidas y bajadas) y, al mismo tiempo, la propagación de esa perturbación con una determinada velocidad.
Como en todas las ondas (movimientos oscilatorios) hay una cresta, que es su altura máxima respecto a la superficie del agua, y un valle, que es el punto más profundo. La distancia entre la cresta y el valle es la altura de la ola y cuanto más alta sea esta, mayor será la energía de la ola.
En las imágenes que se han proyectado estos días sobre barcos que navegan por la zona donde se ha producido el hundimiento del Villa de Pitanxo se ha visto que los barcos descienden hasta el profundo valle de las olas desapareciendo del horizonte y, a continuación, ascienden hasta la cima de la cresta, para volver a descender. En una de esas enormes oscilaciones, el barco puede naufragar.