A vueltas con las lenguas hispánicas

Eduardo Vázquez Martul MÉDICO

OPINIÓN

@PEREARAGONES

05 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Múltiples invasiones han intentado monopolizar y unir las diferentes hispanias, cuya principal característica ha sido la diversidad en una historia dinámica, quizás una de las más cambiantes de Europa.

El primer intento de unidad geopolítica de la península ibérica se alcanzó a partir de las postrimerías del s. I d. C. con la romanización de las diferentes hispanias y posterior cristianización, pero solo como unidad política-administrativa, no como «unicidad» socio-cultural de todo un territorio tan diverso. Algún pensamiento político vuelve a utilizar las diversas lenguas y culturas como arma para enfrentar en vez de aceptar una palpable realidad todavía sin resolver. España es quizás una de las naciones más plurales de Europa y no solo en sus paisajes sino también en sus diferentes culturas y lenguas, algunas más antiguas que el propio castellano de Berceo. La primera lírica ha sido escrita en galaico-provenzal, al igual que las cantigas del rey Alfonso X. Sin duda alguna, el castellano y el portugués se repartieron el mundo en el siglo XVI. El casi histórico federalismo alemán de los Habsburgo herederos del reino de Castilla, fue sustituido por el «jacobismo francés» de Luis XIV, por cierto gran y poderoso enemigo, que impuso a su nieto Felipe V como rey de España.

Fueron páginas de la decadencia de nuestra historia, el imperio se estaba perdiendo. Muchos siglos antes fueron los suevos, los creadores del primer reino hispano posromano, que comprendía lo que es hoy Galicia, norte de Portugal y parte de Castilla. El castellano aún no existía y se entendían en lenguas galaicas o en latín los más eruditos. Vándalos, alanos, godos, sin olvidar la cultura musulmana por su gran impronta durante ocho siglos, fueron modelando gran parte de las diferentes culturas ibéricas. Pero, aparte de leer la historia, sería recomendable a los unionistas patrioteros y a los separatistas intransigentes patear y meterse dentro de la piel de toro, para comprender las múltiples lenguas aceptadas que forman parte de la riqueza e historia de España. Ese afán de monopolizar, unificar o excluir lo que no se logró en más de 40 años de prohibiciones impuestas por el franquismo solo denota incultura, intransigencia o desprecio, y es una de las principales causas que impiden crear un proyecto de estado admitido por todos. No se puede unificar lo que nunca se pudo unir incluso con violencia, ni pintar un paisaje multicolor con un monótono color ocre.

El castellano no tiene peligro, se habla en medio mundo, el peligro está en perder la riqueza cultural y lingüística de las Hispanias. En Suiza hablan cuatro idiomas y no hay peligro de que el país se desintegre. En Gales señales de tráfico están indicadas en gaélico a pesar de que el inglés es universal. A muchos gallegos, murcianos, andaluces y extremeños (más de media España) en los años 60, el castellano no les dio de comer. Tuvieron que aprender francés, inglés o alemán para salir de la miseria. Enriquecieron muchas caixas de aforros y nunca les preguntaron si hablaban o escribían un correcto castellano. Y no olvidemos que existe un área cerebral del lenguaje, el área de broca, que hace que las primeras palabras que mamamos de nuestras madres queden grabadas, aunque la política absurda intente borrarlas.