¿A qué hora pongo la lavadora?

fátima fernández CON ENERGÍA

OPINIÓN

Óscar Cela

Pero, ¿a qué hora pongo ahora la lavadora? Esto me preguntaba hace unos días mi compañera Susana, que tiene un contrato de luz en el que le aplican unos precios en función de los tramos horarios, esos en los que la electricidad cuesta diferente según la hora del día. O sea, la discriminación horaria de toda la vida. No supe bien qué contestarle. Aunque la respuesta es que, ahora, a ninguna. La crisis energética provocada por un incremento desorbitado del precio del gas natural —sí, no pregunten por qué si no quieren enloquecer, pero es el que determina cuánto cuesta la luz— ha convertido en imposible la tarea de intentar ahorrar, de ser eficientes. Porque todas las horas son carísimas, salvo contadas excepciones. En el mundo de la energía florecen los expertos por doquier. Ahora hablan de la destrucción de demanda para referirse a las paradas de producción que se van a producir en las fábricas para no consumir electricidad. Pero los consumidores domésticos también se ven condenados a destruir su propia demanda para no desmayarse cuando llegue la factura del mes. La ministra ha puesto en marcha varias medidas para salir al rescate de los hogares. La más eficaz, la ampliación de los descuentos del bono social. Pero resulta que una familia con dos hijos solo puede acceder a él si gana como máximo 19.771 euros al año. Es un suelo demasiado bajo. Más teniendo en cuenta que el salario medio suma 23.800 euros.