El pasajero que faltó

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

R. García | Efe

21 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En ese tren que marca «un antes y un después», al decir del presidente Feijoo, faltaban al menos tres personas. Faltaba Nadia Calviño, que, siendo gallega, le dio el protagonismo fotográfico a Yolanda Díaz. Faltó José Luis Ábalos, que fue tan ministro de Fomento como José Blanco y Ana Pastor, pero cesó con menos agradecimientos por los servicios prestados. Y faltó uno de los personajes anunciados, que era el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. A este hombre no se le ocurrió otra cosa en día tan señalado que echar a Ciudadanos del Gobierno, disolver las Cortes regionales y convocar elecciones autonómicas para el 13 de febrero. Tres minutos antes de que Mañueco comunicara esa decisión, el periodista Carlos Alsina entrevistaba a Carlos Igea como vicepresidente del Gobierno regional. Un minuto después, Alsina volvía a llamar a Igea, pero ya para tratarlo como «ex vicepresidente». En ese cortísimo plazo de tiempo se fraguó la tragedia.

Para el inmediato «después» del que hablaba Núñez Feijoo quedaba una duda: qué llevó a Fernández Mañueco a precipitar así el final de la legislatura. Hay dos explicaciones. Una, que Mañueco tenía información de contactos de Ciudadanos con el Partido Socialista y Podemos, que podrían desembocar en una moción de censura o en un rechazo de los Presupuestos que se empezarían a discutir mañana. Su golpe, por tanto, es preventivo: trató de evitar una derrota que, si los contactos PSOE-Ciudadanos fueran ciertos, podría terminar por derrotarlo políticamente y por echarlo del Gobierno. La otra explicación es que el mismo presidente Mañueco tenía alguna encuesta que le garantizaba mayoría suficiente sin necesidad de coaligarse y decidió lanzarse a las urnas para aprovechar el viento a favor.

Las dos hipótesis son igualmente posibles, pero con dos diferencias: si se convocaron elecciones regionales porque Mañueco conocía acercamientos voluptuosos entre el PSOE y Ciudadanos, este último partido ha dejado de ser fiable, porque ya van dos traiciones, Murcia y Castilla y León. Si se convocaron porque Fernández Mañueco entiende que ahora está en condiciones de ganar, estamos ante un oportunismo descarado y escandaloso que confirma la opinión popular: los políticos actuales —también los anteriores— se preocupan más de los beneficios de estar en el poder que de los intereses generales, aunque a veces coincidan.