De Galileo al James Webb

Jorge Mira Pérez
Jorge Mira EL MIRADOR DE LA CIENCIA

OPINIÓN

NASA / Desiree Stover HANDOUT

19 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El telescopio espacial Hubble, que orbita a casi 600 kilómetros de altura, ve el espacio sin la distorsión de la atmósfera (el aire no es totalmente transparente). Lanzado en 1990, ha hecho tal contribución a la ciencia que enseguida se pensó en lanzar uno nuevo, cien veces más potente: el telescopio James Webb, que despegará el día de Nochebuena e irá a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Se llega a ese momento tras 30 años de trabajo y 10.000 millones de euros.

A quienes dudan de ese gasto, les digo que el edificio en el que viven, o los coches y aviones en los que viajan, son posibles gracias a la ley de la gravitación de Newton. No solo porque fue el origen de muchas ecuaciones posteriores, sino también porque culminó uno de los mayores saltos cualitativos del ser humano: la revolución científica, que nos hizo conscientes de que con la fuerza de la razón se puede explicar con precisión el funcionamiento de lo que nos rodea. Newton partió del trabajo de precursores como Kepler, el primero que descubrió una relación cuantitativa que describe el movimiento de los planetas y el primero en comprender que hay una armonía matemática en el movimiento de los cuerpos celestes. Kepler, a su vez, había sido inspirado por Copérnico, que causó otra revolución tras decirnos que en el sistema solar los planetas orbitan alrededor del Sol.

¿Y para qué les he traído hasta aquí? Porque la confirmación y empuje fundamental de la revolución copernicana llegó de la mano de Galileo Galilei, gracias a que en 1609 fue la primera persona que observó el cielo... con un telescopio.