La derecha que divierte

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Isabel Infantes

04 dic 2021 . Actualizado a las 09:49 h.

Esos amabilísimos lectores que callan cuando critico al PP pero están esperando que critique el Gobierno para reprocharme que no saco basura del PP, deben estar pasando momentos muy amargos, y los comprendo. Los comprendo especialmente un día como hoy. Si, por ejemplo, han visto el programa El Hormiguero y se encontraron con que Pablo Motos entrevistaba a Rajoy y tenía que pedir al público que no aplaudiese tanto a don Mariano, tuvo que ser para ellos deprimente: ¿cómo se puede aplaudir a un señor que, a juicio de esos lectores, representa todos los males y perversiones de este país? Y algo todavía peor: ¿cómo puede haber un público tan extremista que ríe las ironías galaicas de un tipo que hizo recortes, decretó la reforma laboral, evitó a los hombres de negro y no quiere decir «todos, todas y todes»? Tuvo que ser una noche de mucho sufrimiento. Quizá tanto como el día que Isabel Díaz Ayuso entró en ese plató entre aplausos y gritos de «presidenta, presidenta» y encima sorprendió a la audiencia con sus conocimientos de canciones. E incluso tanto como la noche en que el alcalde de Madrid, Martínez Almeida, hizo un derroche de sentido del humor que divirtió a media España.

Miguel Ángel Rodríguez, jefe del gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, sostiene la tesis de que la derecha es más alegre que la izquierda y, recordados estos personajes que acabo de citar por sus entrevistas en televisión, parecen confirmarlo. Trato de hacer memoria de sus equivalentes en la izquierda y no recuerdo asomos de ironía, ni de sarcasmo, ni siquiera de cachondeo. El que más se aproximó fue Alfonso Guerra, pero ha pasado tanto tiempo que se confunde la ironía con la acidez. Después de él, todos los políticos nacionales de la izquierda tienden a ver monstruos que pisan derechos sociales, magnates sin conciencia que devoran el postre de los pobres e incluso una gallega como Yolanda Díaz habla de niños que no pueden comer tres veces al día: está claro que es más de Rosalía de Castro que de Julio Camba. O puede ocurrir, eso me temo, que estar en el poder es poco compatible con buscar una sonrisa. Tienen demasiada información como para practicar el humor.

Sin embargo, este cronista sostiene que si Pedro Sánchez, por ejemplo, tuviese entre sus escribidores a alguien más alegre, daría unos sermones menos afectados y más creíbles. Y cree que, si volviese al Congreso un poco de humor, la vida política sería menos tensa, porque ahora todo el mundo anda cabreado y el cabreo se contagia. Y, para que no se quejen los lectores que mencionaba al principio, extiendo el diagnóstico al señor presidente de Vox, a la señora presidenta de Ciudadanos y al actual presidente del Partido Popular.