Yolanda, eternamente Yolanda

OPINIÓN

XOAN A. SOLER

15 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El encuentro celebrado en el teatro Olympia de Valencia, a mayor gloria y protagonismo de Yolanda Díaz, solo tenía la finalidad de hacer visibles dos cosas que ya tenemos muy vistas desde el 2019: que en España se hacen «otras políticas», destinadas a la gente, como si el país se estuviese reinventando a la medida del batiburrillo parlamentario que hemos montado; y que a la izquierda del PSOE ya no sirven los partidos, porque no hay gente para eso, y porque, abandonando la vieja sustantivación del PC, que presumía de ser El Partido, se amalgaman ahora, con fórmulas variables —frentes, agrupaciones, mareas, movimientos, colectivos y pasábamosporallí— los que necesitan respirar poder para seguir coleando. 

Lo que yo vi en Valencia es que Yolanda Díaz ya considera inservibles todos los ensayos iniciados a partir del 15M. Y, ante el temor de que una racha de viento electoral se lleve por delante los nuevos ensayos de oportunismo institucional, está intentando pasar el rastrillo por la piel de toro y montarse un vendaval populista (Nuevas políticas), feminista (Nuevas políticas), oportunista (Nuevas políticas), dialogante (Nuevas políticas), glamuroso (sin rastas ni coletas), cuasi burgués (nada que ver con Nicaragua) y eurocomunista (con la flexibilidad de Carrillo, que acabó en el PSOE, y la acicalada personalidad de Berlinguer, casi ateo, patriota, defensor de la unidad de Italia, más admirador del capitalismo industrial del Norte que de la Italia profunda del Sur). Y con una estrategia muy simple en su cabeza: rebajar las ínfulas de Sánchez y elevar las suyas propias, para poder chantajear mejor que ahora, e inmortalizarse para la historia —¡resucita, Delacroix!— como La libertad guiando al pueblo. Por eso Yolanda resumió su encuentro con las lideresas de izquierda con estas combativas y programáticas palabras: «El comienzo de algo que va a ser maravilloso». Una frase a medio camino entre Casablanca y Lo que el viento se llevó.

El problema que tienen los políticos postulantes es que, cuando alcanzan algo de poder, en vez de gobernar para el país (empresarios y trabajadores, pobres y ricos, rurales y urbanos, sabios y analfabetos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres), se inclinan abiertamente hacia los suyos, desequilibran las estructuras sociales y económicas, y generan una política hemipléjica que, con cada solución, genera nuevos problemas. Pero eso ya está sucediendo ahora, y no es cuestión de cargárselo, en vez de a Sánchez, a la futura presidenta del país. Porque, con la descripción que hizo Yolanda de las Nuevas políticas, aún cabe esperar que, si saliese triunfadora, podría corregir sus sesgos actuales, para convertirse en una interesante experiencia nacional.

Así que los malos presagios de este invento valenciano solo inquietan a Sánchez y a su tambaleante PSOE, a quienes Yolanda les quita el sueño. Porque los que estamos muy disgustados con el actual Gobierno, también estamos convencidos de que cualquier cambio que se produzca será para mejor.