Buenas maneras

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre MIRADAS DE TINTA

OPINIÓN

Hace cinco mil años, Ptahotep —administrador de Isesi, faraón del Alto Egipto— escribió unos breves apuntes donde daba unas pocas normas acerca de cómo comportarse en público, sentencias que se citan en el Talmud y la Biblia. Dos mil años después, otros egipcios desarrollaron en el código de Hammurabi el primer conjunto de normas que rigieron la vida de los ciudadanos para una mejor convivencia de todos en el reino de Babilonia. A partir de ahí, todas la civilizaciones, persa, griega, romana..., fueron puliendo las normas hasta que, ya en las cortes medievales, los protocolos de relación cortesanos se enriquecieron con ceremoniales donde se aplicaban de manera rigurosa.

En el siglo XIII, Luis Vives y Erasmo de Róterdam redactaron un manual de urbanidad vigente hasta el siglo XVIII. Con el tiempo, estas reglas básicas de convivencia y protocolo se fueron perdiendo, hasta llegar a la mala educación que hoy empapa la vida social, redes sociales incluidas.

Veamos cuáles son esas normas básicas: saludar siempre con un saludo coherente con el grado de amistad o conocimiento (nada de aspavientos callejeros, ni besos lacados a todo el mundo); puntualidad; saber escuchar (quizá una de las mayores carencias de nuestro mundo, un mal conversador interrumpe y desvía la conversación haciéndola superficial); sencillez; higiene, tanto en el continente como en el contenido; no hacer ostentación de nada, ni física ni material; discreción: una persona indiscreta es un peligro para la convivencia (piensen en los reality shows); dominio de uno mismo, aunque nos sobre temperamento (la antítesis es Pilar Rahola); concisión, nada más impertinente que acaparar el tiempo en una conversación; prudencia: evitar gestos o comentarios altisonantes que solo faltan al respeto; huir de la vulgaridad y siempre por favor y gracias.

Lo dicho, vivimos rodeados de una mala educación enciclopédica.

Ignorancia enciclopédica.