Su cuerpo, pura mecánica

Francisco Martelo AL DÍA

OPINIÓN

NIKLAS ELMEHED © NOBEL PRIZE OUT

22 oct 2021 . Actualizado a las 19:21 h.

Todos los días nos salva la vida nuestra capacidad para captar estímulos internos y externos que nos permiten controlar el dolor, el frío, el calor o la presión. Esa capacidad la proporcionan unas terminaciones nerviosas con células especializadas en transformar señales fisicoquímicas en impulsos eléctricos, que son conducidos a la corteza cerebral. Caminamos por la vida y subsistimos en ella por la información de nuestros sentidos.

Pero, en ocasiones, esa capacidad receptiva es patológica, por lo que se establece una sintomatología desagradable que da lugar a una enfermedad insoportable. Ejemplos son el dolor crónico idiopático, como puede ser el que ocurre tras un pequeña herida en una mano que no te permite realizar ningún movimiento en todo el brazo nunca más, o el de los pacientes con fibromialgia que no pueden soportar el suyo, sin que se encuentre en ellos causa aparente alguna.

En los últimos años, algunos de estos receptores nerviosos han sido estudiados en profundidad por los investigadores estadounidenses David Julius y Ardem Patapoutian. El primero identificó un transductor en las terminaciones nerviosas de la piel que reacciona al calor. El segundo descubrió un nuevo tipo de sensores que reaccionan a estímulos mecánicos en la piel y en los órganos internos de nuestro organismo. Sus investigaciones son de una gran trascendencia porque a partir de ellas van a surgir tratamientos novedosos contra patologías de alto riesgo como la hipertensión arterial o el dolor crónico idiopático, las artritis y la fibromialgia (que además tienen un enorme coste social).