Gastan ellos, pagas tú

Alfredo Reguera ECONOMISTA

OPINIÓN

María Pedreda

22 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Próximamente se presentará en el Congreso, y veremos si se aprueba, la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2022. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se subirá a la tribuna a exponer los puntos fundamentales de unos Presupuestos con un récord total y absoluto de gastos, 458.970 millones de euros. Lo que conducirá en el mejor de los casos, como luego veremos, a un déficit del 5 % del PIB, es decir, los gastos del Estado superarán en un 5 % de la riqueza nacional a los ingresos. Y con este serán ya 15 ejercicios consecutivos con déficit público. Tres lustros en los que los distintos ejecutivos han gastado más de lo que han ingresado, algo que todos a nivel personal veríamos como una locura, pero que hemos normalizado a nivel colectivo.

Mucho se ha hablado de la mal denominada austeridad, cuando conociendo este hecho salta a la vista que tal cosa jamás existió. ¿Cómo se puede llamar austero a algo si se gasta más de lo que se ingresa? Como mucho, menos derrochador, ya que esa diferencia entre gastos e ingresos se redujo durante esos años de austeridad, gracias a unos recortes y reformas muy necesarias por otra parte. Pero, incluso con ello, nunca se llegó al objetivo, utópico desde nuestro punto de vista actual, casi religioso en el caso alemán, de equilibrio presupuestario. Es decir, algo tan radical y fantasioso como que el Estado gaste como mucho tan solo lo que ingrese, nunca más de esa cifra.

Y la pregunta es: ¿qué consecuencias tiene que el Gobierno sistemáticamente incurra en déficits presupuestarios? Pues un aumento exponencial de la deuda pública, que ya ronda el 120 % del PIB. ¿Y quién tendrá que devolver esa mastodóntica cantidad? Adivinen, todos nosotros. Más intereses, por supuesto. Intereses que ya se nos están haciendo pesados. Alrededor de 31.000 millones de euros en intereses de deuda pagaremos en el año 2022. Para hacernos una idea, eso es casi tres veces lo presupuestado para defensa, o un 50 % de todo el gasto en educación. Lo que agranda este peligro es que actualmente pagamos esa considerable cantidad teniendo unos tipos de interés anormalmente bajos, por las políticas expansivas del Banco Central Europeo. Cuando esos estímulos desaparezcan, y no debería ser dentro de mucho, el pago de los intereses de deuda se puede hacer insostenible, llevándonos irremediablemente a la quiebra.