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Tarek Bitar, el héroe libanés

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

MOHAMED AZAKIR | Reuters

17 oct 2021 . Actualizado a las 10:45 h.

Los héroes de verdad no llevan capa ni espada, no vuelan ni se adhieren a las paredes, no tienen poderes sobrenaturales ni son imbatibles en la lucha cuerpo a cuerpo. Los héroes de verdad no viven en una aventura constante ni salvan a la humanidad de desastres apocalípticos. Los héroes de verdad son personas normales y corrientes que llevan una vida ajena a los focos y al interés mediático. Pero su labor callada, constante y vocacional es la que nos permite conservar la esperanza de que la verdad y la justicia puedan prevalecer.

Uno de esos héroes se llama Tarek Bitar y tiene 47 años. Es libanés, está casado y tiene dos hijos con los que vive en un modesto piso al norte de Beirut. Nada reseñable, aparte de que es el juez superior de la Corte Penal de Beirut desde el 2017. Bitar, sin afiliación política, tiene fama de concienzudo e incorruptible. Por ello se le ofreció dirigir la investigación de la macro explosión de 2.750 toneladas de nitrato de amonio que tuvo lugar en el puerto de la capital libanesa el 4 de agosto del año pasado y que se cobró la vida de 215 personas, hirió a más de 6.500 y destruyó cientos de edificios alrededor. Sin embargo, rechazó el cargo por responsabilidad, ya que no quería dejar en el aire los casos que llevaba en la Corte Penal. Pero la destitución fulminante de Fadi Sawan, el juez nombrado en su lugar, le llevó al puesto que inicialmente había descartado.

Bitar emitió dos órdenes de arresto para los exministros Ali Hassan Khalil y Ghazi Zeiter por no declarar ante él. Las protestas de sus correligionarios del partido Amal y de Hezbollá -grupo terrorista para la mayoría de los países del mundo- no se hicieron esperar y lo que el jueves comenzó como una manifestación pacífica derivó en un tiroteo que se saldó con seis muertos y varios heridos. Nadie sabe, hasta el momento, por qué se originaron los disparos; sin embargo, este suceso ha puesto en evidencia lo frágil que es la paz en el Líbano y los extremos a los que están dispuestos a llegar aquellos que no quieren que se investigue la corrupción ni se haga justicia con las víctimas del puerto de Beirut.