La fajana de Todoque

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

JUAN MEDINA

09 oct 2021 . Actualizado a las 09:23 h.

La inmersión diaria en los medios de comunicación, que cuentan minuciosamente cómo evoluciona la situación en la isla canaria de La Palma, ha convertido a la inmensa mayoría de los españoles en auténticos vulcanólogos. El vocabulario de los estudiosos de los volcanes y los seísmos está pasando al habla popular. Ya abierta la hostelería al disfrute general, entre pincho y pincho y caña y caña se habla de piroclastos, gases tóxicos, fajanas y coladas de lava como si tuviesen tanto interés como Koeman, Laporta y las desventuras del Barcelona.

Entre los vocablos más exóticos ahora en boca de casi todos, fajana se lleva la palma, y nunca más oportuno lo de la palma. Lo más parecido que se había oído en la España peninsular era fajina, el toque para convocar a la tropa a dar cuenta del rancho. El Diccionario registra fajana como canarismo, es decir, como palabra propia de los canarios. Es aquel el nombre de los terrenos llanos, a veces en declive, formados por los materiales desprendidos de las alturas que los dominan o arrastrados por las aguas. Según Maximiano Trapero y Eladio Santana, autores de Toponimia de las islas Canarias, había dejado de usarse como nombre común y solo pervivía como nombre de lugar. Ellos han recogido 80 topónimos donde aparece la voz fajana, 72 de ellos en la isla de La Palma.

 

Estas porciones de tierra se llaman fajã en portugués. El Priberam señala que su origen es dudoso, «talvez do espanhol fajana», y suma a los terrenos formados por desprendimientos los generados por «escoadas de lava que penetram no mar». Tampoco hay que descartar que fajã sea el origen de fajana.