Demandas

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

Víctor Lerena | Efe

02 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Para argumentar resulta decisivo intentar entender a los otros como los otros se entienden a sí mismos. Luego, como explica Julia Galef en su libro y en sus charlas, conviene hacer algunos cálculos sobre las posibilidades de que cambie de opinión y de que cambien los demás. En torno al aborto, por ejemplo, me parece que las probabilidades de rectificar las posiciones andan en mínimos. Pocas cuestiones polarizan tanto: quizá ninguna, y no solo en España. Así que, para intentar comprender, me pregunto por qué insisten en una batalla que ya han ganado por goleada con una ley que se sitúa entre las más permisivas del mundo. ¿Por qué ese empeño en que las menores puedan abortar sin conocimiento de sus familias, por ejemplo?

El mercado del aborto quirúrgico se estrecha año tras año desde hace diez. Acaban de publicarse las cifras del 2020 y, después del ligero repunte en el 2019, el número de abortos volvió a caer. Quizá, por la incidencia de la pandemia. No sé. Aunque el total refleja 88.269 tragedias, sigue marcando una tendencia clara a la baja. Desde el 2010, la tasa de abortos entre las mujeres menores de veinte años se ha reducido a casi la mitad y ha descendido mucho también en el tramo siguiente (20-24). En estos mismos diez años, no solo se ha reducido en treinta mil el número de abortos: la proporción de los que se produjeron en dependencias privadas se redujo del 96 al 84 por ciento. No se trata, parece, de satisfacer una demanda decreciente, sino de intensificarla.

¿Para qué? ¿A quién perjudican los consentimientos informados, las autorizaciones parentales a menores o la objeción de conciencia? No, desde luego, a los médicos, ni a las mujeres, ni a las niñas.