¿Veinte años no son nada?

José Enrique de Ayala ANALISTA DE LA FUNDACIÓN ALTERNATIVAS

OPINIÓN

STRINGER

09 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Después de veinte años de intervención militar y humanitaria, liderada por EE.UU. y la OTAN, un billón de dólares gastados, de los cuales unos 150.000 millones en labores de reconstrucción, después de 3.500 muertos en los contingentes internacionales -entre ellos 104 españoles-, y más de 64.000 en las fuerzas de seguridad autóctonas, Afganistán ha vuelto al punto de partida, los talibanes han recuperado todo el poder, más incluso que en el 2001 puesto que ahora controlan todo el territorio. Solo nos queda extraer las lecciones aprendidas, analizar las consecuencias y emprender las acciones necesarias para limitar, en lo posible, los daños que pueden derivarse de este retorno al pasado.

En el interior del país, está claro que volverá a regir la ley islámica, la sharía, en su versión más radical y cruel, basada en el wahabismo saudí. Todas las libertades y derechos quedan subordinados a esa interpretación extrema del Corán. Los más perjudicados, las minorías occidentalizadas de las ciudades, particularmente de Kabul, y en especial las mujeres y las niñas, que regresan a un estado de sometimiento y control inhumano, privadas de libertad y de futuro. Los talibanes han hecho promesas: las mujeres tendrán acceso a la educación, tendrán derechos, pero siempre dentro de los límites de (su interpretación de) la ley islámica. También han prometido no vengarse de los que han colaborado con los ocupantes. Pero sus primeros hechos desmienten estos propósitos, y las terribles imágenes del pánico y la huida de miles de afganos demuestran la poca credibilidad que sus promesas tienen entre sus conciudadanos.

En el exterior, el primer efecto es el enorme desprestigio que este fracaso -y sobre todo su caótico final- han supuesto para EE.UU. y en general para las democracias liberales, que dará alas al yihadismo en todo el mundo, también en el Sahel que es la zona más sensible para Europa, y hará dudar a todos aquéllos que confían en EE.UU. para su seguridad, incluidos sus aliados europeos que ya están pensando en cómo lograr su autonomía estratégica, solo teórica hasta ahora, incluida la militar, que es la más problemática.