Pluralidad lingüística y sentido común

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Sandra Alonso

03 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«El Reino Unido deja en tierra a los pasajeros que presentan test de antígenos en gallego». Esta noticia, que ayer publicaba La Voz, provocó de inmediato un auténtico incendio en las redes, donde posiciones enfrentadas más desde los sentimientos que desde la racionalidad demostraron la incapacidad de encontrar una solución sensata a un problema indiscutible: el de cómo compatibilizar el respeto que merece la pluralidad lingüística existente en nuestro continente -más acusada aún en el planeta- con la imperiosa necesidad que todos tenemos de entendernos y la imposibilidad material de que los humanos manejemos un número ilimitado de idiomas.

Las autoridades británicas han optado por disponer, en relación con los certificados de test de antígenos que exigen para la entrada en su país, que aquellos deben presentarse en inglés, en castellano o en francés. Desconozco si las lenguas exigidas varían en función de cada país, pero, a efectos de lo que ahora argumentaré, ello es irrelevante.

¿Debería admitir Gran Bretaña los certificados de antígenos en gallego? A favor está el hecho de que el gallego es una de las dos lenguas cooficiales en Galicia. Una lengua que, contra lo que sostienen el separatismo y sus diversas terminales, puede usarse con plena normalidad en todos los ámbitos de la vida, por más que en una medida que está condicionada por los hábitos lingüísticos de un país que habla y escribe en dos idiomas y donde su peso relativo es fruto de la libertad de elección de cada cual. De ese estatus legal vigente del gallego -defienden algunos sin dudarlo- debería derivarse su admisibilidad no solo en las cuatro provincias de Galicia, sino también fuera del territorio de la comunidad.