Jóvenes y algunos inmaduros

Ignacio Bermúdez de Castro
Ignacio Bermúdez de Castro PASOS SIN HUELLAS

OPINIÓN

Soy un firme defensor de la juventud. No la añoro, pero la recuerdo con sumo agrado. No obstante, cuando me tocó ser veinteañero las cosas no estaban tan desmadradas. Salíamos de noche. A veces más de lo debido. Bebíamos todo lo que nos pusieran delante, pero al final regresábamos a nuestros domicilios sin más problema que la resaca que nos esperaba al día siguiente. Las noches de desenfreno no se curan con mañanas de ibuprofeno y teníamos que pagar por nuestros excesos importantes dolores de cabeza. Pero, salvo contadas excepciones, eso era todo. Al no ser el pan nuestro de cada día la mezcla de todo tipo de drogas con alcohol, las fechorías que podían llegar a hacer los jóvenes noctámbulos de entonces eran, como mucho, volcar un contenedor de la basura. Hoy, por el contrario, encontramos dos tipos de muchachos. Los que, como los de antaño, salen a divertirse sin mayores pretensiones, y aquellos que lo hacen con la intención de pasarse tres pueblos. Si hay que apalear a un gay se le apalea, pues quién le manda tener su propia opción sexual contraria a la suya... Son hijos de padres que les han consentido todo. O que simplemente no han podido con ellos y se han decidido por aquello de «ojos que no ven, corazón que no siente». Estos descontrolados jóvenes piensan que ellos han inventado todo. Las drogas, el alcohol, el sexo, etcétera. Los padres son para ellos una especie de hombres de las cavernas que lo único positivo que han hecho en su vida es traerlos a este mundo, que para ellos es de su exclusiva propiedad. Afortunadamente, este tipo de muchachos son los menos pero, como las brujas, haberlos haylos.