La ley de la eutanasia y la importancia del testamento vital

Diego Rosales Rodríguez, Daniel González Uriel LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

GETTY

20 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace unos días entró en vigor la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia. La norma legaliza, por primera vez, la eutanasia activa en España, esto es, aquella que es consecuencia directa de la acción de una tercera persona. Se convierte así en el séptimo país del mundo en hacerlo, introduciéndose el concepto de «prestación de ayuda para morir», que se puede producir de dos modos: bien mediante la administración directa al paciente de una sustancia por parte de un profesional sanitario, o bien mediante la prescripción o suministro de una sustancia, de manera que el paciente se la pueda autoadministrar, para causar su propia muerte.

Se modifica, en consecuencia, el apartado 4 y se añade un apartado 5 al artículo 143 de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, con el objeto de despenalizar las conductas eutanásicas en los supuestos, y así pasa a no incurrir en responsabilidad penal el que causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de una persona que sufriera un padecimiento grave, crónico e imposibilitante o una enfermedad grave e incurable, con sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables, por la petición expresa, seria e inequívoca de esta, cumpliendo lo establecido en la ley orgánica reguladora de la eutanasia.

En esta ley cobra especial importancia el llamado documento de instrucciones previas, voluntades anticipadas o, como se conoce comúnmente, testamento vital. En puridad, de testamento conserva únicamente el nombre, ya que si el testamento es el documento por el que una persona rige la sucesión mortis causa, en el testamento vital la persona determina una serie de aspectos que surtirán efecto en vida del mismo, y que en función de la comunidad autónoma deberán inscribirse en el registro de voluntades anticipadas correspondiente.