Barbacoa digital

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre MIRADAS DE TINTA

OPINIÓN

alvite

Cada día un sobresalto. El último fue ver en la tele el anuncio de una barbacoa que se maneja con el móvil; la enciendes, te avisa cuando tienes que darle la vuelta al churrasco, calienta a la temperatura adecuada, a las características y tamaño del chorizo criollo, y te asesora sobre el punto de sal. Un invento terrible y peligroso que, si tiene éxito, nos lleva a la extinción.

Cocinar a la brasa es el último relictus de la cocina original. El advenimiento de la vitrocerámica y la inducción vino a mermar las huestes de las cocinas de leña y gas, suponiendo el triunfo del cocinado digital (uno, dos o tres puntitos) sobre la cocina analógica, en la que la leña y el gas se modulan a ojo del cocinero.

Esta inflación de apps para facilitarnos la vida cotidiana nos va a acabar volviendo unos inútiles incapaces de leer un mapa, de memorizar un número de teléfono y hasta de cocinar. Cocinar digitalmente una picaña o un secreto es como comer por teléfono.

Cocinar a la brasa es la técnica más difícil que existe, aparentemente fácil, pero inalcanzable para cualquier algoritmo; la brasa tiene tal cúmulo de variables que requiere la permanente atención del cocinero: tipo de madera/carbón, temperatura, tipo y años de la carne, altura de parrilla, punto de cocción, aderezos ajustados, tiempo imprevisible... Todo comunicación analógica, imposible de calibrar con técnicas digitales a distancia.

Maestros como Etxebarri o los hermanos del Divino en A Coruña son druidas de las brasas que -en conversaciones de sobremesa- me han detallado más de quince variables a tener en cuenta para conseguir la alquimia borrosa que es el punto exacto de una carne a la parrilla.

Solo faltaba que ahora nos vengan Siri o Alexa con simplezas y herejías.

¿Será una estrategia de Garzón?