La sabiduría de sus ilustrísimas

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

BENITO ORDÓÑEZ

26 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Es llamativa la actitud de los obispos españoles ante los indultos de Sánchez. La Conferencia Episcopal no se quiso pronunciar oficialmente, quizá para poder seguir diciendo que su reino no es de este mundo, pero envió a su portavoz, monseñor Argüello, a decir lo que sus ilustrísimas piensan. Digo que lo envió porque Argüello puede ser muy importante y buen comunicador, pero su voz es trascendente en la medida en que es la voz del episcopado. En consecuencia, lo que entendió la mayoría de la opinión publicada es que los obispos bendicen al agnóstico Pedro Sánchez, le dan nihil obstat a su política con Cataluña y le hacen el inapreciable favor de romper el poderoso y locuaz frente de resistencia. Un apoyo de los obispos no es cualquier cosa. En general, los monseñores, cuando se pronuncian sobre el Gobierno es para defender al rebaño de los lobos laicistas que legislan el matrimonio gay o a la eutanasia.

El sermón de monseñor Argüello fue de antología, dicho sea como elogio sincero. Es de maestría insuperable cuando se suma a los obispos catalanes, que fueron los primeros en respaldar las medidas de gracia, y se le nota lo que busca: no provocar una división cismática con los tarraconenses, que no tienen Estatut de Autonomía pero la practican, y entiende que el reino de los cielos está tan abierto a los españolistas como a los independentistas. Sin embargo, por aquello de las mayorías, tienden a creer que estos últimos -«bienaventurados los que sufren persecución por la justicia»- tienen más acceso a las llaves de Pedro. Al fin y al cabo, su cabeza visible, Oriol Junqueras, es hombre de comunión casi diaria y tiene tanta o más fe que la mayoría de los cardenales.

Y lo que son las palabras. El monseñor portavoz encontró la clave para no meterse en el pecador terreno de liberar a unos hombres y mujeres que cometieron graves delitos. Una de esas expresiones es «amistad civil», clásico concepto que hacía tiempo veía en discursos y está llamado a tener gran éxito, porque necesitamos enunciados biensonantes que sustituyan a «concordia» y demás vocablos de gran querencia en la lírica sanchista. Otra es «actitudes inamovibles», contra las que se pronuncian sus ilustrísimas, como si la Iglesia fuese el mejor ejemplo de ductilidad ante las nuevas exigencias sociales y como si la doctrina eclesiástica no se basara en dogmas. Pero está bien que repudien las actitudes inamovibles de otros, porque puede ser el comienzo de un cambio propio. Y la última, la bendición del diálogo. ¡Qué acierto el de Sánchez al elegir esa vía! El diálogo, en la meditación de un obispo o de un cura de aldea, da para un millar de homilías. Por todo eso felicito a la Conferencia Episcopal, con algo menos de entusiasmo que Pedro Sánchez pero con la alegría de tropezar con la inteligencia. Y si es santa y conduce al paraíso, mucho mejor.