Eléctricas, el poder de la energía

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Mariscal | Efe

24 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Tarifas eléctricas, el recibo que más arcanos encierra de todo cuanto papel nos llega a nuestras casas para pagar. Siempre a peor. Por eso es fácil aplicarle al último recibo de la luz lo de «el más caro de la historia». Lo que es cierto, pero no del todo: según Facua, Federación de Consumidores, el recibo de la luz para el usuario medio se disparó ahora más del 45 %, alcanzando los 88,76 euros, lo que supera en 10 céntimos solo el récord registrado en el primer trimestre del 2012. Pero el problema no es el récord, ni el color político del gobierno de turno, sino el juego invariable de «ganan las eléctricas».

Ahora anuncian la reducción temporal del IVA -en 11 puntos- y de otros impuestos ante el susto provocado por la nueva tarifa. Tarifa comandada por la vicepresidenta Ribera, que pretende además que tenga efectos morales y de cambio de costumbres. Por más que sea difícil dar crédito a tanto argumento ajeno a la realidad, con una grave subida de la luz derivada de los tramos tarifarios que perjudican los hábitos de las familias, incluidas las que teletrabajan, ignorando sus características socioeconómicas. Y rebajas coyunturales aparte, como estas que se aprueban en los impuestos, la nueva tarifa amplía el galimatías en los recibos de la luz, donde más de la mitad de los conceptos fijos imputados son ajenos al consumo realizado, y por tanto sin el efecto ambientalista predicado.

Apaños -con argumentarios eco amistosos- para no llegar al fondo del problema: una deficiente política energética en un sector que, después de su liberalización a instancias de la Unión Europea en 1997, se ha ido convirtiendo en un oligopolio de tres grandes empresas que concentran más del 80 % de la energía que se pone en el mercado cada día, lo que lleva a una muy baja competencia y les permite ocupar el 90 % del mercado. Un mercado en torno a los 30 millones de usuarios, de los que unos 25 millones tienen contratos domésticos menores o iguales a 10 kilovatios.

Un oligopolio al que los sucesivos gobiernos, y los políticos excedentes con puertas giratorias perennes, ni quieren ni son capaces de poner freno. Algo tiene que ver en ello el «déficit de tarifa», una deuda de los consumidores desde inicios de la Transición, cuyos títulos se han vendido en los mercados financieros con garantía del Estado.

Así no extraña que en un reciente estudio sobre la competencia en el mercado minorista de la energía de la Comisión Europea, European Barriers in Retail Energy Markets, España ocupe la decimoctava posición de un total de 30 países, la UE 27 más Gran Bretaña, Noruega y Suiza. Un estudio que entre las barreras analizadas incluye factores como la ventaja de los grandes grupos verticales, que controlan todas las fases del proceso: la generación de energía, la distribución y también la comercialización. En este sentido, el estudio considera que solo hay tres países europeos en los que las grandes compañías gocen de una situación de mayor poder que en España: Chipre, Croacia y Polonia. Y ahí seguimos, pasmados.