La antigua anormalidad

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Kike Rincón | Europa Press

23 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Recién estrenada la incipiente nueva normalidad, ha tardado pocos días en retoñar la antigua anormalidad.

Fue disminuir la presión del virus y las gentes mejor paradas retomaron sus asuntos a golpe de misiles y de balas humanas con humo de grifa.

Comenté en este tonel mi visión de la pandemia como un mecanismo de autorregulación sistémico que el planeta ha puesto en marcha para corregir una desviación insostenible de su equilibrio. Esa funcionalidad que hace del virus algo del orden de lo divino, encaminado a salvarnos a todos, por muy paradójico que parezca.

La ferocidad de la pulsión humana solo se puede mantener razonablemente a raya a través de los límites que imponen los contenedores simbólicos: la religión, los valores, la autoridad, la vergüenza, la dignidad... Cuando todos esos límites se debilitan, cuando Nietzsche mató a Dios y el Instagram nos volvió transparentes, el único límite posible lo marca la biología. De la misma manera que el coma etílico pone límite al beber desenfrenado del adolescente, el virus puso límite al desvarío encerrándonos a todos en una condena sin atenuantes.