Sánchez no ha entendido el mensaje

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

YANNIS KOLESIDIS | Efe

11 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En junio de 1993, el PSOE ganó contra pronóstico las elecciones frente al PP. Pero lo hizo con solo 159 diputados y un ajustado margen de 18 escaños sobre los 141 de Aznar. Un resultado muy distinto al de las tres mayorías absolutas que había encadenado en 1982, 1986 y 1989. «He entendido el mensaje», dijo entonces Felipe González, admitiendo que los ciudadanos le habían trasladado que era necesario un cambio en su Gobierno, acosado ya entonces por graves problemas de corrupción y por una crisis que había conducido a 18 meses de recesión. Pese a lo dicho, González no cambió nada y cayó en 1996. Los casos Roldán, Filesa, Ibercorp o el de las escuchas del Cesid terminaron de enterrar el felipismo. Casi 28 años después, Pedro Sánchez acaba de recibir no un mensaje, sino un grito de los votantes, que le han expresado el rotundo rechazo a su forma de gobernar, de espaldas a los ciudadanos, sometido al populismo de Podemos, pactando con los herederos de ETA y con el independentismo y sembrando el caos jurídico y sanitario al rehuir cobardemente su obligación de legislar frente al covid.

Madrid le ha dado a Sánchez una patada en el trasero de Gabilondo, que reafirma la que ya le dio Galicia en el de Caballero. Pero su respuesta demuestra que no ha entendido el mensaje. Lejos de cualquier autocrítica, el Gobierno reacciona insultando a los votantes y achacando su derrota al gusto de los madrileños por los berberechos, la cerveza y el «bullicio». Sus socios de Podemos, más claros, llaman directamente «gilipollas» a quienes no votaron a la coalición. Pero el mensaje es el mismo: que cambien ellos. El PSOE ha sido superado incluso por un partido como Más Madrid, sin medios ni cuadros. Pero el Gobierno -Sánchez sigue mudo y en shock una semana después- asegura que no cambiará nada, porque Madrid, que al parecer está en Marte, no tiene nada que ver con España.

Isabel Díaz Ayuso, a la que el Ejecutivo insiste en ridiculizar después de haber sido humillado por ella en las urnas, ha reaccionado con sensatez a su propia victoria, admitiendo que ha tenido muchos votos «prestados» de protesta contra Sánchez. Pero, ¿alguien escuchó a Sánchez decir que Salvador Illa tuvo en Cataluña muchos votos prestados de protesta contra el independentismo? No. Eran todos suyos. El último chiste del PSOE y sus terminales mediáticas para darle la vuelta a su derrota es el de aventar la peregrina idea de que quien tiene un problema con la victoria de Ayuso no es Sánchez, sino Casado, porque ahora la madrileña le arrebatará el liderazgo del PP. El PSOE puede seguir engañándose, pero no es con el insulto, la prepotencia y la teoría de la caña, el berberecho y la taberna como recuperará la confianza de los votantes, sino con una profunda autocrítica que no se ve por ningún lado, ni se la espera.

Si Sánchez sigue mudo y tapándose los oídos ante el mensaje de los votantes, comprobará pronto que se puede engañar a todo el mundo algún tiempo y se puede engañar a algunos todo el tiempo. Pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.