La profecía autocumplida

Rafael Arangüena PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

María Pedreda

07 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

No por desearlo más el resultado habría sido distinto, Madrid ha votado y lo ha hecho de manera contundente y con participación masiva. El planteamiento de llamada tribal a los electores por parte de cada bando ha polarizado una campaña que, ya antes de comenzar, evidenciaba tanto la debacle de un Ciudadanos fuera de sitio como la imposibilidad de valorar la gestión del Ejecutivo popular durante los últimos dos años: Ayuso llamó a votar con el corazón y las razones se escondieron por Malasaña.

Frente a la destrucción sistémica como doctrina política que ha venido ofreciendo Iglesias desde sus comienzos, triunfa el posibilismo del único de los fundadores de Vistalegre que sobrevivió políticamente a la purga moscovita que desató su antiguo jefe de filas una vez que se hizo con el mando del movimiento popular e intentó convertirlo en un PCUS posmoderno.

La clave de estas elecciones estuvo en la identidad. Frente a una izquierda huérfana de un concepto de España y de su futuro que sea asumible por amplias capas de la sociedad, Ayuso ha ofrecido una identidad chusca de España a la madrileña; y los votantes, a falta de otra cosa, se lo han comprado.

Ayuso ganó las elecciones porque fue la que mejor sintonizó con la realidad existente en Madrid: una realidad ya descreída respecto de las promesas vacuas, indignada con el abandono que la izquierda hace del concepto de España, que se conforma con que la dejen funcionar tal como es, aunque los servicios públicos ya estén a nivel low cost. En Madrid se sabe y los madrileños lo asumen, motivo por el que esa ficción de que con Ayuso lo público cuesta menos ha calado en una ciudadanía casi nihilista que no está para que la mareen con bonitas promesas que luego nunca se cumplen. El problema de la progresiva banalización de la acción pública es que siempre hay alguien más espabilado que se lleva los votos descreídos a su red y esa ha sido Ayuso. La diosa con cara de porcelana, que lleva todo su mandato sin decir una sola frase digna del cargo que ocupa, se ha llevado de calle unas elecciones que ha dominado desde el primer momento.

Es evidente que Ayuso no es Casado, ni siquiera es todo el PP; al igual que Madrid no es España entera. Pero desde luego, tengo por aconsejable que el resto de sus rivales deberían darle una seria pensada al asunto de bajarse de Marte a la Tierra para hacer política; eso, o Madrid tendrá durante muchos años a Ayuso de presidenta, como antes tuvo a Aguirre y antes a… y así desde hace más de veinticinco años.