¿Greta Thunberg o Bill Gates?

Adair Turner

OPINIÓN

María Pedreda

03 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay quienes sostienen que, para evitar la amenaza de una catástrofe para el bienestar humano que representa el calentamiento global, debemos cambiar radicalmente nuestro comportamiento: dejar de volar, usar bicicletas y olvidarnos de las carnes rojas. Otros creen que las nuevas tecnologías nos permitirán un crecimiento sin emisiones de dióxido de carbono. ¿Quién tiene razón entonces, Greta Thunberg, que está a favor de la primera opción, o Bill Gates, que recientemente publicó un libro a favor de la segunda?

A largo plazo, el optimismo tecnológico parece justificado, como señalan dos nuevos informes de la Comisión de Transición Energética: la electricidad y el hidrógeno sin emisiones de dióxido de carbono, que representan el 20 % de la energía, podrían alcanzar el 75 % para mediados de siglo -y la energía limpia sería para entonces más barata que la energía sucia en la actualidad-. La electricidad solar ya es más barata que la generada con carbón, los costos de las baterías se desplomaron y continuarán cayendo. Además, el costo de producir hidrógeno mediante la electrólisis también caerá en picado en los próximos diez años.

Será necesario un aumento masivo de la producción eléctrica mundial: de los 27.000 teravatios hora (TWh) actuales a cerca de 100.000 TWh para el 2050. La capacidad de almacenamiento total en baterías aumentará vertiginosamente y harán falta inversiones gigantescas para ampliar las redes de transmisión y distribución.

Pero existen recursos naturales abundantes para sostener esta electrificación verde. Cada día el sol brinda 8.000 veces más energía de la que necesita toda la población humana para mantener un elevado nivel de vida. Incluso si los 100.000 TWh provinieran de recursos solares (sin generación eólica), solo tendríamos que cubrir aproximadamente el 1 % de las tierras del mundo con paneles solares.

Tampoco hay escasez de minerales claves necesarios. Para mantener en funcionamiento 2.000 millones de automóviles eléctricos, cada uno con su batería de 60 kilovatios hora, serían necesarios 15 millones de toneladas de litio puro, que podríamos reciclar indefinidamente una vez que estén en uso. Los recursos de litio conocidos son de 80 millones de toneladas en la actualidad. También hay amplias existencias de níquel, cobre y magnesio, y la preocupación por la falta de disponibilidad de cobalto llevó a avances tecnológicos que permitirían la construcción de baterías sin ese material.

En todo lo vinculado a la conversión de fotones en electrones y de electrones en lo que los físicos llaman trabajo (impulsar motores) o en calor (o frío), no hay límites planetarios a largo plazo al nivel de vida de los humanos. Para el 2060 podríamos volar sin remordimientos y disfrutar de climatización y crecimiento económico sin culpa alguna.

Pero, por dos motivos, aún afrontamos un posible desastre, con probabilidades cada vez más reducidas de limitar el calentamiento global «bien por debajo de los 2 grados Celsius» que prometió el acuerdo climático de París en el 2015.

En primer lugar, comenzamos a actuar demasiado tarde. Si los países ricos se hubieran comprometido en 1990 a lograr economías sin emisiones de dióxido de carbono para el 2030, ya nos estaríamos acercando a esa meta y el calentamiento global se estaría reduciendo, pero no lo hicimos, y, considerando nuestra situación actual, lo ideal sería que reduzcamos las emisiones de dióxido de carbono un 50 % en los próximos diez años.