Un tsunami en la India


En los diecisiete años que llevo viviendo en Bombay no he vivido una situación como la que estamos sufriendo estas últimas semanas. Con unas cifras escalofriantes de más de 300.000 contagios y más de 3.000 personas fallecidas al día, en el momento de escribir estas líneas, la sensación que se palpa en la calle es de profunda tristeza y de impotencia ante una situación que ha desbordado cualquier previsión.

He sido testigo de que la situación se agravaba según pasaban las horas. Cientos de pacientes agonizando a las puertas de los hospitales por falta de oxígeno, que se ha agotado prácticamente en todo el país. Hospitales colapsados, sin sitio para los enfermos, y piras funerarias improvisadas en campos de críquet, solares o parques para incinerar a los fallecidos. Son imágenes que no se olvidarán nunca, incluso en un país como este, acostumbrado a convivir con la tragedia.

La menor incidencia de la primera ola en este país respecto a otros y un confinamiento estricto generaron una sensación popular de falso triunfalismo. Aunque en otros casos era imposible mantener ese confinamiento. Cómo hacerlo cuando un 70 % de la población en una ciudad como Bombay vive en la pobreza extrema, sin casa o hacinada bajo una lona. Si esto sucede en un país con 1.300 millones de habitantes donde irrumpe una nueva variante del virus, tenemos un caldo de cultivo perfecto para una crisis descontrolada.

Pero otras razones también explicarían el porqué de esta situación. La India es uno de los principales fabricantes de medicamentos y vacunas del mundo, y en los últimos meses ha exportado millones de dosis a terceros países. Ahora el país se ve obligado a importar oxígeno y vacunas para contener el brote, por lo que la producción de dosis se verá afectada a nivel internacional. Un ejemplo más de que una crisis como esta nos afecta no solo porque el ser humano es solidario por naturaleza, sino porque estamos conectados. Lo que está sucediendo en la India tiene consecuencias en el resto del mundo.

Esta nueva variante del covid va a dejar en una situación tremendamente vulnerable un país que ya de por sí vive en un delicado equilibrio. Supondrá un nuevo drama para millones de personas, que volverán a situaciones de hambre y necesidad como las que vivimos hace un año. Las organizaciones que trabajamos en el terreno vamos a necesitar toda la ayuda posible para hacer frente a esa situación, a corto y a medio plazo. Primero, para contener esta ola fuera de control, y después, para las devastadoras consecuencias que muy probablemente tendrá.

Por Jaume Sanllorente Fundador y director de la ONG Sonrisas de Bombay

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