Un tsunami en la India

Jaume Sanllorente, fundador y director de la ONG Sonrisas de Bombay EN LÍNEA

OPINIÓN

01 may 2021 . Actualizado a las 12:28 h.

En los diecisiete años que llevo viviendo en Bombay no he vivido una situación como la que estamos sufriendo estas últimas semanas. Con unas cifras escalofriantes de más de 300.000 contagios y más de 3.000 personas fallecidas al día, en el momento de escribir estas líneas, la sensación que se palpa en la calle es de profunda tristeza y de impotencia ante una situación que ha desbordado cualquier previsión.

He sido testigo de que la situación se agravaba según pasaban las horas. Cientos de pacientes agonizando a las puertas de los hospitales por falta de oxígeno, que se ha agotado prácticamente en todo el país. Hospitales colapsados, sin sitio para los enfermos, y piras funerarias improvisadas en campos de críquet, solares o parques para incinerar a los fallecidos. Son imágenes que no se olvidarán nunca, incluso en un país como este, acostumbrado a convivir con la tragedia.

La menor incidencia de la primera ola en este país respecto a otros y un confinamiento estricto generaron una sensación popular de falso triunfalismo. Aunque en otros casos era imposible mantener ese confinamiento. Cómo hacerlo cuando un 70 % de la población en una ciudad como Bombay vive en la pobreza extrema, sin casa o hacinada bajo una lona. Si esto sucede en un país con 1.300 millones de habitantes donde irrumpe una nueva variante del virus, tenemos un caldo de cultivo perfecto para una crisis descontrolada.