La mitificación de los abuelos

OPINIÓN

MINISTERIO DE SEGURIDAD SOCIAL

29 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A qué se debe que España -líder mundial de la autoflagelación y las leyendas negras, y la única nación que, siendo dueña de un prodigioso patrimonio, tiene complejo de fracaso histórico- sea considerada como uno de los países más hermosos y felices de la Tierra? La respuesta verdadera no cabe en un artículo. Pero el chascarrillo que lo explica atribuye nuestra suerte a cuatro tesoros de los que ningún español carece: un microclima que rodea nuestra casa; las mejores patatas del mundo; una abuela que inventó el arte culinario y nos lo transmitió en secreto, y un abuelo que, además de ser más sabio e íntegro que Sócrates, era republicano. 

A nadie le extraña, por ejemplo, que, partiendo de padres tan premiosos, y de cuñados tan pelmas, nos convirtamos de repente en abuelos insuperables. Ni nadie se pregunta cómo se van a arreglar nuestros hijos cuando, en vez de tener abuelos republicanos, tengan abuelos que salieron de las aldeas para formarse en las universidades de Franco y convertirse en brillantes profesionales y urbanitas. Yo, que soy muy previsor, ya les cuento a mis nietos que pasé por el TOP, por ser antifranquista, acusado de insultar al Caudillo (sic) y de romper a pedradas las lunas de Caja Madrid, en la calle Bravo Murillo. Pero me temo que no todos los abuelos tienen un currículo tan bien certificado, que les ayude a salir indemnes de las pruebas de abuelo mítico a las que van a someterlos sus nietos.

Pero no se preocupen. Porque la clave de esta vaina, como decían los indianos de Forcarei, es que los abuelos estamos mitificados, y que los hemos subido a pedestales para convertirlos en referentes provisionales con los que paliar la iconoclastia social y política que estamos perpetrando. Y eso significa que, con los mismos materiales que nosotros hemos utilizado para idealizar a nuestros abuelos -la necesidad y la voluntad-, también podrán mitificarnos -si lo necesitan- los siguientes nietos.