El Estado, las hambres y unas cañas

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Lavandeira jr | Efe

22 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace un año el Consejo de Ministros apostó por el Estado benefactor. Un modelo de organización social que contempla el compromiso del Estado para dar cobertura a todos los ciudadanos. Siguió también Europa entera con los Fondos de Recuperación, luego de una fuerte confrontación entre los estados del norte y los del sur. De la dimensión de esa estrategia política en España daban cuenta los 200.000 millones prometidos. De la eficacia, o ineficacia, de su gestión hemos empezado a saber en este tiempo con los atrasos y dificultades de gestión de los ERTE, o la del ingreso mínimo vital, también cuando se conozca la situación de las empresas y el posicionamiento de la banca, y si por volumen y gestión alcanzan para atender a la parte más débil del sistema económico. Estas actuaciones serán posibles mientras los bancos centrales financien y compren la deuda pública a coste cero. Pero para que la intervención del Estado logre el efecto que propugnaba Keynes se necesita además que el gasto público se invierta adecuadamente. No es solo invertir lo necesario, sino hacerlo con eficacia. Y que esa eficacia del Estado se consolide como una alternativa real al neoliberalismo conservador. Un neoliberalismo asentado desde los tiempos de Reagan y Thatcher, que predica la desregulación, la bajada de impuestos, las privatizaciones, y la taumaturgia de los mercados como principio y fin de la economía y la política. O de la libertad que, sintetizada al estilo Ayuso, justifica por igual las hambres o los toros.

Las actuaciones aprobadas por la UE necesitan de una ágil, no burocratizada y decente gestión de lo público. Y al parecer son aquellos estados con administraciones eficaces los que lograrán superar antes los efectos de la pandemia. La estrategia del Estado benefactor recuperada por gran parte de los gobiernos occidentales se ha reforzado con la llegada de Joe Biden a la presidencia de EE.UU., donde, además de su prioridad con las vacunas, como han hecho también Reino Unido, Israel o Chile, se aprobaron dos paquetes de estímulo de dos billones de dólares cada uno, incluyendo el primero un cheque a cada ciudadano. Dedicando el segundo a la búsqueda de soluciones a problemas enquistados en EE.UU. como la desigualdad, pobreza, educación, salud, clima, infraestructuras, monopolios tecnológicos, y a reforzar el multilateralismo, con una propuesta de subida del impuesto de sociedades, lo intocable hasta ahora en este mundo. Porque es cierto que esta pandemia puede ser la oportunidad para devolver el protagonismo al Estado, como propone entre otras Mariana Mazzucato, para lo que se necesitan administraciones bien organizadas, pues bastante peor que el neoliberalismo es un Estado de apariencia y postureo, al que nos tienen tan acostumbrados los gobernantes y altos funcionarios con la ayuda de patronales, sindicatos e intereses económicos. Que no otra cosa son las deficiencias observadas en los ERTE, en impuestos, ingreso mínimo vital, o los servicios públicos. Las cañas, claro, no las pone el Estado.