Vacuna contra los parásitos

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Si nos fiáramos de lo que realmente nos dicen los sabios de la medicina decrecería nuestro entusiasmo, ya bastante decaído, por recibir la vacuna contra el covid-19. Pero nos dejamos llevar por lo que nos cuentan Juan Gestal, Ángel Carracedo y Margarita del Val, que de eso saben lo justo, y ansiamos poder entrar en el reino de los inmunizados. Sea cual sea la vacuna y pese a las advertencias que recibimos y que no tenemos en cuenta.

Desde el mismo momento de su aparición y al tiempo que el coronavirus se expandía por el mundo, con la misma rapidez comenzaron a proliferar los ilustrados a los que otorgamos altavoces, protagonismo y, muchos, hasta credibilidad. Ellos nos fueron dando cuenta de las maldades de las dosis que el Foro de Davos, Bill Gates y George Soros nos están inyectando a través de un chip para tenernos bajo control, a decir el presidente de la Universidad de Murcia. Unas vacunas, por cierto, investigadas por el diablo, según el arzobispo Cañizares.

Un día sí y otro también, en todo tiempo y lugar se asoman a nuestras casas, en horas de máxima expectación y rompiendo todas las audiencias, esos versados estudiosos para abrirnos los ojos y ofrecernos información científica contrastada. Desde el cantante, o lo que sea, Miguel Bosé, que nos reveló que detrás del remedio está «un cartel de multimillonarios psicópatas»; a Victoria Abril, que tacha las vacunas de «experimentos sin probar que nos meten rapidito» y además «no están funcionando». Y claro, a ellos se suman voces de tan reputados epidemiólogos como Bigote Arrocet, Massiel o Tamara Falcó, de profesión desconocida, que ofrece un argumento definitivo: «No me quiero vacunar con AstraZeneca porque, o sea, no quiero, que, uhm, no quiero. O sea, no quiero. ¿Sabes? (…). O sea, esa es mí, o sea, es también mi libertad, ¿sabes? O sea». Argumento irrefutable.

Entramos en la vacunación con miedos y sospechas. Y eso nos lleva a dar crédito a teorías alocadas y extravagantes. Así, más de la mitad de los españoles siguen teniendo dudas sobre su efectividad y el 22 % no confía nada en el remedio. Y todo esto pasa porque con la dosis contra el virus no se inyecta la vacuna contra los parásitos que nos asolan.