Pilato, Herodes y puritarismo (otra vez)

E. Parra. POOL

La pasada semana un columnista de perfil conservador escribió una expresión alejada del tópico. Se refería a Sánchez. Decía que Sánchez se lavaba las manos como Herodes. Recibió el autor de tan «incorrecta» expresión varias invectivas por su «equivocación». Pero no era un error. El autor lo escribió conscientemente. Su desacierto fue posicionarse en contra de la frase tópica mil veces repetidas: «lavarse las manos como Pilato». Viene del evangelio de Mateo: «Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis». Los tópicos, si tienes que rectificarlos, dejan de ser frases célebres para convertirse en aranas. Herodes, sin embargo, se lavó las manos más que Pilato. Mateo no lo cuenta. Lucas, sí. Después del juicio en el sanedrín, los ancianos le piden al jefe romano que condene a Jesús porque lo acusan de ser el falso rey de los judíos. Pilato lo interroga y percibe que Jesús era natural de Galilea, por lo tanto se lo envía a Herodes para ser juzgado. Y Herodes, siendo el mandamás judío, se lava las manos: interroga a Jesús, Jesús apenas contesta, Herodes y sus soldados se burlan de él y lo envían de nuevo a Pilato. ¿Quién se lava más las manos? Sin duda, Herodes. Pero para qué explicarlo. Si te sales de la línea recta que marca el tópico o la rutina, te equivocas. Es nuestro mundo. El que hemos elegido. Como hemos elegido a Sánchez, que es el tetrarca de nuestros días: sus responsabilidades las elude. Se las envía a Pilato.

El episodio relatado da pie a un interrogante: por qué si se equivoca (aunque no se equivoque) uno de derechas, lo asaltan las hordas, y si lo hace uno de izquierdas se consiente o se olvida. Veamos. El ministro Manuel Castells hace semanas, en plena veneración a la Segunda República, confundió a Leopoldo Alas Clarín, el genio autor de La Regenta, con Leopoldo Alas Argüelles, su descendiente y que fue ejecutado en febrero del 1937 por haber participado en el Gobierno republicano. ¿Imaginan que fuese conservador el que profiriese algo análogo? No pasó nada. En Galicia, el presidente de la Diputación de Lugo se refirió a Elena Candia cuestionando su vestimenta que le daba «aspecto de leopardo». ¿Imaginan que fuese uno de derechas? Borrón y cuenta nueva. Tampoco pasó nada. ¿Recuerdan cuando Pablo Iglesias se refería a la «Ética de la razón pura» de Kant, un libro que no existe? Y en veinticuatro horas se olvidó su disparate. Sin embargo, los puristas de las televisiones, siguen recordando a Rajoy y sus anacolutos. No hay día que no aparezca en una pantalla, él o sus políticas, con alguna de sus disquisiciones. Por último, ¿y si Miguel Bosé, hoy execrado por los que antes lo adoraban, en lugar de hacer campaña repetidamente a favor del PSOE la hubiese hecho a favor del PP? Conclusión: los nuevos puritanos veranean en el lado zurdo de la vida. Son incansables.

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