Señor presidente Núñez Feijoo: permítame unas breves palabras acerca de la gestión del covid en Galicia. Lleva un año en el puesto de mando, cada victoria se acompaña, de inmediato, con un nuevo obstáculo a salvar en la deseada conquista de la colina. Mientras usted nos cierra perimetralmente y nos encierra en el aprisco ovejil para preservarnos del lobo virus, su compañera de partido y el presidente del mismo, Ayuso and Casado, declaran la guerra al virus desde la negación de su propia existencia a base de incontinencia verbal desaforada y un grito unánime de que, en su nombre, los rojos pretenden eliminar la libertad.
Hay motivos para la crítica a un presidente de Gobierno submarino, etéreo y ebúrneo, inventor de una nueva máxima política: lo que no hagas tú, procura que te lo hagan otros. Pero otra cosa es que la camarada presidenta de Madrid llame a los europeos a acudir a la juerga madrileña ante el contubernio judío masónico de tanto socialista enmascarado dedicado a cerrar bares y restaurantes. Señor presidente, nos quiere convencer con su política helicóptero de estar todo el día dale que te pego: más médicos, más hospitales, más vacunas, más PCR en las residencias de ancianos, más profesores, más ayudas a empresas, más restricciones horarias, mientras, a sensu contrario, Ayuso las considera propias del social comunismo, las rechaza de plano y apuesta por la dignidad de ir a morir a Madrid en libertad, con el orgullo de seguir encabezando el ránking de infectados y muertes, así como también del turismo de borrachera y la juerga nocturna.
Señor presidente: ¿por qué no colabora con Madrid abriendo un puente aéreo que desplace a los pocos peregrinos llegados a Santiago y les permite respirar los aires de libertad tan queridos de su partido? Es usted un excelente presidente y no merece ser tachado de extremista peligroso. Abandone su papel de líder serio y responsable, convierta la desfachatez en señal política para acompañarla posteriormente de degradación institucional hasta llegar a la última etapa de descomposición ideológica. Cambie, abandone ese afán de salvar a los gallegos. Cada muerte es un salvavidas para la Seguridad Social, asfixiada por tanto pensionista resistente. Imite a su compañera Ayuso, que a la guerra contra el socialcomunismo suma el sanear las cuentas de las pensiones.
No siga emperrado en salvar vidas humanas, si nadie de la ejecutiva del señor Casado se lo va a agradecer: los mayores ya solo somos «unidad de gastos». Pero otros, al menos, merecen una oportunidad. En la calle me encuentro con una exalumna, separada con tres hijas, dueña de una peluquería; solo le quedaban dos euros para llegar a fin de mes: «Soy una ciudadana y no un objeto digno de caridad, merezco el mismo respeto que los propietarios de los bancos; si a ellos les dieron ayudas, yo exijo el mismo trato, porque o somos ciudadanos con derecho a la solidaridad o no somos nada».
Aún tienen esperanzas. No les defraude.