Pensábamos hace un año que de la pandemia saldríamos bailando. Que se decretaría con alborozo el final de la condena y lo celebraríamos con besos y abrazos en el día de la victoria. Ahora ya sabemos que la salida es lenta y con freno de mano, sin capacidad de calcular aún cuántas ganas de fiesta quedarán al final del viaje. Uno de los sectores que no alcanza a vislumbrar su futuro postpandemia es el del cine. Si ya tenían poco con clausurar las salas por culpa del virus, los grandes estudios descubrieron que podían llegar a las casas a través de las plataformas digitales saltándose a quienes fueron siempre vitales para sus negocios. Disney rompió la baraja al estrenar en distribución doméstica su superproducción Mulán. El resultado debe de haber sido satisfactorio, porque repitió la estrategia con Soul y volverá a hacerlo en los próximos meses con Viuda negra, su gran propuesta del universo Marvel; y Cruella. Si este sistema caducará con la vacunación o ha llegado para quedarse es una incógnita. Y solo se resolverá cuando el público descubra cuánto añora el alboroto de una sala llena con el vecino de al lado masticando palomitas o si prefiere seguir abotargado en la modorra de la emisión digital. Esta Semana Santa, a pesar de las restricciones, la taquilla revivió un poco gracias a aquellos que, con tal de recuperar la vida de antes, se animan a ver incluso Godzilla vs. King Kong.

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King Kong anima la taquilla