Recuperar la amabilidad


Si algo tengo cada vez más claro es la necesidad de recuperar la amabilidad como eje de la vida social y política. Estoy harto de la crispación, de la mala educación, de la zafiedad. El cultivo de la amabilidad no es un detalle menor de la convivencia; y mucho menos es una actitud superficial o burguesa, como algunos interesadamente quieren hacernos creer.

Descubrí lo importante que es la amabilidad en el hospital, al comprobar que el denominador común de las quejas que los enfermos compartían conmigo no se refería tanto a su situación vital (¡y eran enfermos en situación terminal!) como a los malos modos de tal o cual profesional. Hay personas que optan por el cultivo de la amabilidad y que, de este modo, se convierten en una especie de estrellas en medio de la oscuridad existencial.

La persona que tiene esta cualidad no es áspera ni ruda, sino afable, suave. Es una persona que sostiene y conforta, que ayuda a los demás a que su vida sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas, urgencias y angustias. Es una cualidad que anima a regalar una sonrisa, a decir una palabra que estimule. Posibilita un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia.

No solamente eso. La amabilidad también facilita la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes. Por eso es una virtud eminentemente social. En estos tiempos de tanto dolor acumulado, hace mucha falta la amabilidad.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
16 votos
Comentarios

Recuperar la amabilidad