¡Haga ejercicio!

Rafael Arriaza
Rafael Arriaza TRIBUNA

OPINIÓN

María Pedreda

30 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Una de las actitudes que intento combatir desde que empezó la pandemia del covid-19 es la de aquellos pacientes que antes realizaban ejercicio físico de manera habitual, y que desde entonces lo han abandonado. Unas veces por no poder practicarlo en grupo, y otras -las más- por miedo a un contagio si salen a un circuito a caminar o trotar, o si van a un gimnasio o centro deportivo. Aunque los datos son concluyentes y la estadística de contagios en centros deportivos es mínima, la desinformación y el estado de ánimo tremendista se ha apoderado de mucha gente, que cree estar más segura en su casa, sin hacer ejercicio, que haciéndolo con las debidas precauciones.

Pues bien, el Grupo de Investigación de Enfermedades Cardiovasculares del Hospital Clínico de San Carlos, de Madrid, acaba de publicar un excelente trabajo en el que analizó la repercusión sobre la mortalidad del covid-19 de un elemento que hasta ahora pasaba desapercibido, precisamente el ejercicio físico. Sabíamos que los pacientes más añosos, aquellos con comorbilidades (fueran patologías cardiovasculares, patologías oncológicas, etcétera), junto con los obesos y los fumadores, tenían peor pronóstico frente a la infección por coronavirus, y que algunos pacientes jóvenes sufren, desgraciadamente, una forma especialmente exuberante de respuesta inflamatoria que está asociada con mayor riesgo de desenlaces fatales. Sin embargo, y a pesar de que se sabe desde hace mucho tiempo que el ejercicio físico regular puede reducir el riesgo de muerte por cualquier causa, y que actúa de manera favorable en muchas de las enfermedades que empeoran el pronóstico de los pacientes con coronavirus, no existía una constancia del papel protector que el ejercicio físico que realizasen los pacientes antes de contraer la infección por SARS-CoV-2 pudiera tener en el curso de la enfermedad.

El estudio se basa en los datos de los pacientes -de entre 18 y 70 años de edad- ingresados en el clínico madrileño durante la primera ola de la pandemia, una época especialmente caótica porque la falta de datos concretos sobre el mecanismo de acción del virus llevó a la utilización de muchos tratamientos que luego se han demostrado ineficaces, y a una ola de muertes dramática.