Pero Iglesias seguirá haciendo el indio


Meses antes de las elecciones de noviembre del 2019, cuando Podemos y el PSOE mantenían un duro pulso para establecer ante la opinión pública quién sería el culpable de una eventual repetición de los comicios, recordé aquí el celebre consejo que Robert McNamara, secretario de Defensa en la Administración de Lyndon Johnson (1963-1969), dio al presidente tejano sobre la conveniencia de no remover de su puesto como director del FBI al todopoderoso Edgar J. Hoover: «Es mejor tener al indio dentro de la tienda meando hacia fuera que tenerlo fuera meando hacia adentro». 

Tras el intempestivo anuncio de Iglesias de su marcha del Ejecutivo (en el que, para su vergüenza y la Sánchez, permanecerá, en todo caso, el líder de Podemos, haciendo una ventajista campaña electoral para los comicios regionales madrileños hasta que aquella comienza legalmente), fue general la interpretación de que la salida del vicepresidente facilitaría, más pronto que tarde, la labor del Gobierno, al quedar fuera de él uno de los principales factores de constante tensión política que había condicionado su funcionamiento desde el momento mismo de su constitución.

Conociendo la personalidad de Iglesias y sus verdaderos objetivos, creí entonces que era esa una interpretación apresurada y parece que la acción política del todavía vicepresidente desde el miércoles de la pasada semana confirma plenamente esa impresión. Y es que, aplicando al caso la precedente reflexión de McNamara, Iglesias, fuera de la tienda, no resistirá la tentación de orinar hacia dentro del Gobierno, ya con plena libertad. Eso era, por lo demás, lo previsible.

¿Por qué? Pues por la sencillísima razón de que, aunque Iglesias se cubrirá en los próximos meses con la retórica del antifascismo, pues nada hay que parezca hacerlo más feliz que imaginarse a sí mismo como un miliciano de mono y cartuchera luchando contra los sublevados en 1936, en realidad su objetivo en las elecciones a las que ha decidido concurrir no será competir con Vox o con el PP, ni siquiera con Ciudadanos, sino con el PSOE y Más Madrid. Es ahí donde Iglesias tiene su vivero de votos si quiere superar el cortito 5,6 % que casi por los pelos le permitió a Podemos en las anteriores regionales madrileñas superar la barrera del 5 % fijada para poder entrar en el reparto de los escaños en disputa.

Por si lo anterior no fuera suficiente, estar fuera del Gobierno elevará al máximo el margen de maniobra que ya Iglesias se tomó estando dentro para poner a caldo a un líder a quien desprecia, Pedro Sánchez, y a un partido, el PSOE, al que, como buen comunista, el líder de Podemos considera la viva imagen de la traición a los intereses de los trabajadores. Basta ver lo que ya anda proclamando por ahí sobre la negativa del Gobierno a fijar un tope a los alquileres o sobre la derogación de la reforma laboral para saber qué le espera al Ejecutivo del que Iglesias formó parte, que será desde ya mismo para el indio como el 7º de Caballería que mandó el general Custer.

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