Madrid, como París, utilizando la popular frase atribuida a Enrique IV de Francia, bien vale una misa. Dicen que la pronunció el Borbón hugonote cuando por interés dinástico se convirtió al catolicismo.
Y algo así debió pensar Pablo Iglesias al decidirse a participar, cuerpo a cuerpo, vis a vis, en la batalla por Madrid, tras el órdago anticipativo de Díaz Ayuso al disolver el Parlamento y convocar elecciones para el mes de mayo.
Decretó el dirigente la Podemos, versión descafeinada del comunista post soviético, heredero de Althuser y Zizek, la alerta antifascista acusando a la presidenta de la Comunidad de Madrid de «trumpista». Y se quedó tan tranquilo.
Había comenzado el «nole, sile, lo tengo repe», el intercambio de cromos, el movimiento de poltronas, el reposicionamiento de chiringuitos políticos, autorizado por la ciudadana Arrimadas en Murcia, donde presentaron junto con el Partido Socialista una moción de censura para desalojar del poder al Partido Popular.
Y una vez más el viejo mantra de la corrupción fue el pretexto esgrimido para el quítate tú para ponerme yo, en este caso por la vacunación de más de cuatrocientas personas de los alrededores políticos y familiares del consejero murciano de Sanidad en un claro ejercicio de nepotismo casi infantil.
Está claro que para la pareja que patrocinó y maquinó la moción de censura -Inés Arrimadas, por parte de Ciudadanos, y José Luis Ábalos, por el Partido Socialista- corrupción, como hasta ahora, no es únicamente meter la mano en el cajón.
La batalla por Madrid, la batalla de Madrid, ya ha comenzado, y lo ha hecho en medio del corazón de la pandemia que no cesa, en medio de una madrileñofobia creciente que tiene en Díaz Ayuso el centro de todas las dianas.
E Iglesias ya es vicepresidente cesante del Gobierno de la nación, mientras Ayuso proclama el eslogan del punto de partida electoral, «Comunismo o libertad», que sin duda procede la la factoría de Miguel Ángel Rodríguez (MAR) asesor áulico de la presidenta madrileña.
En realidad da un poco de vergüenza asistir al descaro por perpetuarse en el poder, pese a quien pese, a volver a las pinturas negras de Goya, a tirios y troyanos, a isabelinos y carlistas, a nacionales y republicanos, a las dos Españas de siempre, a las dos lecturas de Madrid, entre Vox y el neo frente popular.
Cuando comience la campaña veremos cosas que sin duda nos asombraran. Eso será el día en que veamos bajar por la Gran Via a las huestes de Unidas Podemos cantando a coro el Bella Ciao. Si no, al tiempo.