La memoria del «tamayazo»

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Marcial Guillén | Efe

Decíamos ayer que quizá falte lo peor en el calentón que sufren el Partido Popular y Ciudadanos: «Falta la compra de votos en Murcia, que deben estar alcanzando una valoración altísima, porque el voto de un tránsfuga vale un gobierno. El recuerdo del tamayazo aflora en demasiadas memorias, aunque puede cambiar el formato». Fin de la autocita. El mismo día en que publicaba esta premonición, el PP de Murcia comunicaba que había negociado con tres diputados de Ciudadanos, habían llegado a un acuerdo y se abortaba la moción. Puede ser verdad, pronto lo sabremos, puede ser una intoxicación y puede que esos tres diputados se vuelvan otra vez atrás, también pronto lo sabremos. Digo que se vuelvan «otra vez atrás» porque la presidenta del partido, Inés Arrimadas, le había dicho tres horas antes a Carlos Alsina que tenía la firma de todos. O sea, que la censura era imparable, porque se supone que sus señorías son gente de palabra y de firma. En política, por lo visto, no hay nada imparable, sino que todo se puede acomodar a las circunstancias y vayan ustedes a saber si todo tiene un precio, económico o de honores y poltronas. También pronto lo sabremos.

¡Qué chusco todo! Ahora resulta que las corrupciones que denuncia la aspirante doña Ana Martínez Vidal son inasumibles por la mitad de los escaños de Ciudadanos en el Parlamento murciano, pero deben ser perfectamente asumibles, quizá incluso inexistentes, para la otra mitad. Resulta también que el gobierno que Inés Arrimadas llama «robavacunas» no hizo fechorías tan punibles como para echarlo a patadas. Resulta que, como la moción de censura es doble, en el gobierno y en el ayuntamiento de Murcia, se crea un problema singular. Y resulta que, si la moción efectivamente fracasa, quien pagará el pato será la madrileña Isabel Díaz Ayuso, que vio un jinete del Apocalipsis rondando su despacho, creyó que iba a por ella, y provocó una carrera de la oposición para registrar dos mociones de censura y ella disolvió la Asamblea, convocó elecciones y dejó el asunto en manos de los jueces, a los que solo faltaba decidir si elecciones o censura. Madrid está casi a la altura de Cataluña, donde los jueces han tenido que decidir también la fecha electoral.

Queridos lectores, como supongo que la mayoría de ustedes son gallegos, les felicito porque llevan casi trece años sin sufrir estas desfeitas. Les ruego que sean comprensivos con estas historias que les tenemos que contar, porque los políticos son humanos y a veces se precipitan, incluso por precipicios. Lo que ignoro es cómo le sentarán estos episodios al parado que no se alimenta de estas aventuras políticas, a la hostelería cuyos ingresos serán limitados por las restricciones de la Semana Santa y a todos los que esperan turno para una vacuna que no llega. Entiéndanlo: los responsables están trabajando. En la conspiración.