El gran error de dividir al feminismo

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

E. Parra. POOL

09 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El fin de la discriminación de la mujer es seguramente la causa más justa que cabe reivindicar en un mundo que, a pesar de haber avanzado de forma espectacular en el último siglo en derechos y libertades, sigue teniendo en la igualdad real entre ambos sexos una de sus tareas pendientes. Aunque ninguna estadística fiable cuestiona que España es uno de los mejores países del mundo para ser una mujer y uno de los más igualitarios, la autocomplacencia sería tan dañina como la exageración. Negar que la discriminación existe es negar la ley de la gravedad. Y, por ello, conseguir que la reivindicación de la igualdad sea unánime entre ciudadanos de todas las ideologías es esencial para acabar definitivamente con esa lacra. Uno de los mayores errores de la izquierda es el intento, en buena parte logrado, de apropiarse de la causa feminista, situando a cualquiera que no comulgue con sus ideas, incluso en aspectos que nada tienen que ver con la igualdad, como un enemigo de la mujer.

Pero si contraproducente es convertir la causa de la no discriminación en una batalla política excluyente, el populismo ha conseguido en España algo aún más nocivo, que es dividir al propio movimiento feminista. Los dos partidos que forman el Gobierno de coalición sostienen posiciones antagónicas no ya sobre el feminismo y las políticas de género, sino sobre la definición misma de lo que es una mujer en términos biológicos. La ley Trans que impulsa la ministra Irene Montero, a la que se oponen con buen criterio el PSOE y todas las mujeres que son referentes históricas del feminismo en España, implicaría la autodeterminación de género. Es decir, que cualquier hombre, por cualquier motivo, y sin ningún requisito, pueda declararse mujer. Algo que supondría que el movimiento feminista caminara hacia atrás, deshaciendo las políticas de igualdad basadas en el reconocimiento del sexo. Como explica la feminista Laura Freixas para evidenciar lo absurdo de esa ley, si en lugar de luchar por normalizar en la sociedad que a una niña le guste el fútbol le decimos a esa niña que si le gusta el fútbol a lo mejor no es una niña, sino un niño, estaremos acabando con los derechos de la mujer. Y tampoco estaremos protegiendo los derechos de los transexuales que, por supuesto, también son discriminados.

El feminismo vive un momento histórico en el que el apoyo a la reivindicación de la igualdad y a las manifestaciones del 8M -este año inevitablemente limitadas por la pandemia- empieza a ser inmensamente mayoritario en la sociedad. Permitir que el partidismo y la insensatez política de algunos provoque una regresión, alimente la división y refuerce al machismo recalcitrante sería un error. La célebre feminista estadounidense Estella Ramey dijo que la igualdad real no llegaría cuando haya tantas mujeres como hombres en cargos de responsabilidad, sino «cuando una mujer incompetente pueda llegar tan lejos como hoy llega un hombre incompetente». Aunque esa situación está muy lejos de haber llegado, es una frase sobre la que la ministra de Igualdad, Irene Montero, debería reflexionar.