Proteger y recuperar

Pedro Calaza Martínez DIRECTOR DE LA ESCUELA GALLEGA DEL PAISAJE

OPINIÓN

07 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Galicia destaca por estar caracterizada por una ingente cantidad y variedad de valores y singularidades. Su paisaje sobresale tanto por su vertiente natural como por la cultural. Ramón Piñeiro afirmaba que «el paisaje gallego que contemplamos fue creado pacientemente, tenazmente, por generaciones y generaciones de gallegos con su trabajo, con sus manos», lo que permite concluir que el paisaje agrario gallego, el que configura el territorio más cercano a la población, es un paisaje cultural, fruto de la interacción de sus habitantes y del medio natural durante siglos, probablemente desde los siglos V y VI. No obstante, en general, los gallegos no hemos sido conscientes de ello, no lo hemos valorado y hemos borrado o difuminado muchos de sus valores, características y componentes, tanto en actuaciones privadas como de la propia administración pública, especialmente en el siglo pasado.

Las recientemente aprobadas Directrices de Paisaje de Galicia, que recogen iniciativas previas como los catálogos de paisaje, se posicionan como un instrumento tanto para su protección como para su recuperación. Por fin, disponemos de unas reglas de juego más claras para actuar en el paisaje que deben integrarse en los planes urbanísticos y sectoriales. Así, Galicia se sitúa en la vanguardia en materia de paisaje.

Para alcanzar sus objetivos, las directrices abordan muchas situaciones, tanto generales como específicas, y se clasifican en dos categorías: normas que son de obligado cumplimiento y recomendaciones a modo de sugerencias. No obstante, algunas de las recomendaciones deberían tener el rango de norma, en particular las dirigidas a evitar la regresión de bosques autóctonos y potenciar su expansión, recordemos que un valor clave del paisaje gallego son o eran sus bosques naturales de masas heterogéneas biodiversas, especialmente en las áreas de gran interés paisajístico. Otro ejemplo podría ser la prohibición de localizar edificaciones en la línea del horizonte, lo que genera una ruptura de la perspectiva visual agrediendo al paisaje y su percepción o algunas recomendaciones vinculadas a la instalación de líneas eléctricas o parques eólicos, como establecer medidas para la eliminación de tendidos en áreas de especial interés paisajístico. Por otra parte, las directrices deberían recoger más propuestas encaminadas a proteger y potenciar la biodiversidad, habida cuenta de la realidad del territorio gallego y sus valores (más de 20000 especies), minimizar la fragmentación territorial y potenciar el flujo ecológico.