Villarejo T3


Lo siento mucho, el comisario Villarejo me puede. Ya comenté hace tiempo lo difícil que se me hace sustraerme a la atracción que ejercen sobre mí sus grabaciones, más por lo que dice él que por lo que dicen los otros. Porque el lenguaje de Villarejo es muy especializado, muy técnico, pegado a las jergas policiales y a las del hampa, un lenguaje conciso y preciso, que puede parecer bronco incluso cuando cita de repente a Racine, mejorándolo casi: «Ningún secreto aguanta el tiempo». Convierte el verso en amenaza, la poesía en prosa durísima o la prosa durísima en poesía: «Las cloacas no generan mierda, la limpian». Qué bueno. Nadie amenaza como Villarejo, en verso y agradeciendo. Por ejemplo, al exdirector del CNI, Félix Sanz Roldán, a quien da las gracias más sentidas «por el tiempo para reflexionar» que le ha proporcionado en… la cárcel de Estremera. Entiendo que a tanta gente le dé miedo. Y lo peor: casi me gusta. En una farándula política de aficionados, abusadores y listillos, Villarejo es un duro de verdad, un listo de verdad, un malo tan de verdad que parece bueno, como los de las películas. No es un Torrente -a ese personaje se acercan más otros tipo Ábalos- sino un cínico como Marlowe. Y tan eficaz como el detective de las novelas de Raymond Chandler pero más inmoral. Marlowe no daba miedo, Villarejo sí, porque es más cínico, le importan menos los límites entre el bien y el mal. Se necesita mucho estómago para vivir en la cloaca. Supongo que empiezan por comerse marrones y sapos por un bien mayor y terminan como Rambo, comiendo sin sentir repugnancia cosas que harían vomitar a una cabra. Entonces, ya pueden monetizar su experiencia. Es decir, la falta de escrúpulos.

@pacosanchez

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