Vacuna: los de más edad, primero


La Xunta acaba de anunciar que comenzará a vacunar a las personas de entre 50 y 55 con Astra Zéneca. No se explicaron las razones de tal decisión. Inicialmente se diseñó una estrategia de vacunación que sería por estricto orden de edad dado que es el factor de riesgo más importante, con la excepción de los sanitarios y las residencias de ancianos.

La vacuna Astra Zéneca fue aprobada por el Reino Unido, primer país en comenzar la vacunación, para su uso en todas las edades. Fue en diciembre. La Agencia Europea del Medicamento (AEM) la aprobó también sin límite de edad. Algunos países europeos, aduciendo falta de datos de eficacia por encima de 65 años, limitaron su uso en contra del criterio científico de la agencia. España la rebajó incluso hasta los 55 años. Las diferencias en los límites de edad ya eran poco entendibles en su momento dada la autorización de la AEM. Son difícilmente justificables desde la ciencia y menos en una situación como la actual. Las autoridades de Canadá, país con gran prestigio en este campo, autorizaron su uso en toda la población. Actualmente Alemania y Francia han corregido su criterio inicial al eliminar esa limitación a la luz de los datos de eficacia derivados -no ya de ensayos- de su amplio uso en el Reino Unido. España sigue, incomprensiblemente, sin revisarlo.

El primer deber de la ética médica es ajustar, sin dilaciones, las intervenciones a los cambios en la evidencia científica disponible. En una situación como la actual, donde la evidencia cambia continuamente, este deber es fundamental. Cataluña y Madrid ya han solicitado revisar esta limitación de edad. El criterio fundamental para priorizar los grupos de vacunación es el riesgo. Y el relacionado con el covid se incrementa con la edad de forma manifiesta. Por debajo de 55 el riesgo disminuye muy considerablemente. Si queremos evitar muertes y el colapso de los hospitales es fundamental vacunar primero a la población más envejecida.

La decisión anunciada no tiene base científica ni ética. Tampoco sentido desde la óptica de la salud pública. Se vacunará a personas de bajo riesgo cuando las de más edad (de 70 a 80), permanecerán sin su dosis por tiempo indefinido dada la escasez. Es necesario seguir vacunando por estricto orden de edad, es decir de riesgo. Además vacunar antes a los menores de 55 es una medida, que por discriminatoria, estará sometida a la posibilidad de reclamaciones ante los juzgados. Esta falta de justicia, ciencia y transparencia afectará gravemente al grado de aceptación de dichas medidas por parte de la sociedad. Si el saltarse la cola ha sido ya causa de preocupación y escándalo, esta medida institucionalizaría la arbitrariedad.

Por Pedro Brañas Tato, Especialista en Salud Pública Especialista en Salud Pública. Máster en bioética

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