La señora que se energumena

Francisco Ríos Álvarez
francisco ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

05 mar 2021 . Actualizado a las 19:38 h.

Lola Aguilella, una simpática madre de familia valenciana, se ha hecho popular con unos vídeos donde ejerce una función social hasta ahora desatendida, la crítica de la elaboración de presuntas paellas. A medida que alguien perpetra un desaguisado en esa tarea, doña Lola va intercalando suspiros con expresiones de indignación y demandas de auxilio a la Virgen en varias de sus advocaciones. En una pausa explica su reacción: «Es que me energumeno».

 Esa señora ha contribuido, sin saberlo, al acervo español con un nuevo verbo, energumenar, de energúmeno y -ar. Energúmeno procede del latín energumenus, ‘endemoniado, endiablado’. La voz española ya aparece en El peregrino en su patria, de 1604, donde Lope de Vega dice que los energúmenos son los hombres atormentados por el demonio. Es ese el sentido que el Diccionario le da aún hoy en su primera definición: «Persona poseída del demonio». Después aparece la acepción con que empleamos más frecuentemente ese sustantivo: «Persona furiosa, alborotada». En esto se convierte doña Lola cuando ve arrojar especias a la paella antes de hacer el sofrito. Se enfurece, es presa de la ira.

 El sustantivo energúmeno es cabeza de una familia léxica, de la que el diccionario de la Academia solo da cobijo al patriarca. Y eso que los demás parientes vienen avalados por excelentes cultivadores del español. Así, haciéndole la competencia a doña Lola, José Bergamín le disputa el puesto a energumenar con energumenizar: «Porque, siendo humano, también al parecer, se energumeniza, esto es, se deja poseer por lo demoníaco con más facilidad que el toro».