La señora que se energumena


Lola Aguilella, una simpática madre de familia valenciana, se ha hecho popular con unos vídeos donde ejerce una función social hasta ahora desatendida, la crítica de la elaboración de presuntas paellas. A medida que alguien perpetra un desaguisado en esa tarea, doña Lola va intercalando suspiros con expresiones de indignación y demandas de auxilio a la Virgen en varias de sus advocaciones. En una pausa explica su reacción: «Es que me energumeno».

 Esa señora ha contribuido, sin saberlo, al acervo español con un nuevo verbo, energumenar, de energúmeno y -ar. Energúmeno procede del latín energumenus, ‘endemoniado, endiablado’. La voz española ya aparece en El peregrino en su patria, de 1604, donde Lope de Vega dice que los energúmenos son los hombres atormentados por el demonio. Es ese el sentido que el Diccionario le da aún hoy en su primera definición: «Persona poseída del demonio». Después aparece la acepción con que empleamos más frecuentemente ese sustantivo: «Persona furiosa, alborotada». En esto se convierte doña Lola cuando ve arrojar especias a la paella antes de hacer el sofrito. Se enfurece, es presa de la ira.

 El sustantivo energúmeno es cabeza de una familia léxica, de la que el diccionario de la Academia solo da cobijo al patriarca. Y eso que los demás parientes vienen avalados por excelentes cultivadores del español. Así, haciéndole la competencia a doña Lola, José Bergamín le disputa el puesto a energumenar con energumenizar: «Porque, siendo humano, también al parecer, se energumeniza, esto es, se deja poseer por lo demoníaco con más facilidad que el toro».

Ortega y Gasset parece ser el creador de energumenismo, que alguna vez emplea para tirar con bala: «... D. Miguel de Unamuno, morabito máximo, que entre las piedras reverberantes de Salamanca inicia a una tórrida juventud en el energumenismo» (Personas, obras, cosas, 1904-1916). Años más tarde, Pedro Salinas identificaría el energumenismo con el primorriverismo.

El ya citado Bergamín da con el sustantivo energumenización y el adjetivo energuménico, que también utilizan Caro Baroja y Unamuno. Gómez de la Serna aún añade otro, energumenesco.

El catálogo parecía completo, hasta que Lola Aguilella vio echar sin orden ni concierto pimiento morrón, zanahoria, chorizo... a lo que iba para paella y se quedó en arroz con cosas.

Con espectáculos así se energumena cualquiera.

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