Otra vez las marchas del 8M


En demostración de que el sentido común es en ocasiones el menos común de los sentidos, el Gobierno ha jugado, durante unos días, a tratar de contentar a tirios y a troyanos (o, si se prefiere, a tirias y a troyanas) con motivo de las movilizaciones anunciadas para el Día Internacional de la Mujer.

 

Los miembros de  Podemos, por boca de ese dechado de responsabilidad que es Echenique, proclamaron que si había marchas ellos irían, pues no admitirían una nueva «criminalización del movimiento feminista». Echenique, demostrando otra vez más que si la realidad no se ajusta a sus finísimos análisis, pues peor para ella, rechaza una obviedad que ya no discute casi nadie: que las marchas del pasado año favorecieron, como no podía ser de otra manera, los contagios, según lo demuestra el hecho de que tras la de Madrid enfermasen de covid, seguro que entre otros muchos asistentes, la mujer del presidente del Gobierno, su vicepresidenta primera y varias de sus ministras.

Pero no solo Podemos se ha comportado con una frivolidad que ya es marca de la casa. En esa línea han actuado también el delegado del Gobierno en Madrid, que, pese a la evidencia de la mala situación sanitaria, autorizó las marchas anunciadas. Y Fernando Simón, lo que resultaría aún más llamativo de no ser por lo errático de sus análisis como supuesto experto y sus sonadas meteduras de pata desde que la pandemia comenzó. Cuando en el 2020 fue preguntado sobre la conveniencia de no movilizarse en la calle para evitar la expansión del covid Simón manifestó que si su hijo le pidiese consejo a ese respecto le diría que hiciese lo que le pareciera. Y en similares términos volvió a pronunciarse hace unos días: comparó lo malo que sería sanitariamente sostener un paso de Semana Santa frente al hecho de que 500 personas se juntasen manteniendo la distancia de seguridad, algo que le perecía sanitariamente a efectos de contagios poco relevante.

La prueba evidente de que tanto el delegado del Gobierno madrileño como Simón se equivocaban gravemente, quizá para agradar a quien los mantiene en sus puestos, reside en que en poco más de veinticuatro horas ambos se han visto forzados a rectificar radicalmente: el delegado prohibiendo lo que antes había autorizado y Simón diciendo que no se habían entendido sus palabras (lo que era imposible, salvo que sea incapaz de construir una simple frase con sujeto, verbo y predicado) tras lo que pidió, ahora sí, unas confusas disculpas que demuestran que su soberbia ha crecido en estos meses más que la capacidad para hacer análisis o pronósticos certeros. Por lo demás, el Gobierno acepta ahora que «no es momento para manifestaciones».

No seré yo quien ponga en duda que quienes se manifestaron el 8M del 2020 estaban convencidos de que no existía ningún riesgo para la salud, pese a las advertencias que entonces se realizaron con reiteración. Pero repetir este año el mismo error, tropezando en idéntica piedra, sería atentar contra la salud de todos los españoles con premeditación y alevosía.

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