Mismo relato catalán, otros actores


Tanto el pesimismo como el optimismo son opciones vitales fácilmente contagiosas. El resultado de las elecciones en Cataluña ha dejado un sabor agridulce en ambos lados del estado de ánimo. Sin embargo, fuera del territorio en disputa prevalece la lectura de que nada ha cambiado en el panorama político catalán, incluso crece la preocupación por el avance del independentismo. Esta visión contiene un alto grado de derrotismo y, por ende, de pesimismo. La sensación de vencimiento encuentra entonces consuelo en otros marcos emocionales, especialmente en aquellos que se construyen desde el centralismo madrileño, que ofrece como señuelo un relato de victoria económica y moral. 

El gatopardismo tiende a la simplificación y olvida aspectos fundamentales del nuevo Parlamento de Cataluña. La realidad catalana muestra una complejidad digna de psicoanálisis: el arco político está compuesto por ocho formaciones que van, en el eje identitario, desde el independentismo radical al nacionalismo español, pasando por el federalismo; en el eje institucional, desde el constitucionalismo monárquico hasta el republicanismo; y en el eje ideológico, desde la extrema izquierda anticapitalista hasta la derecha más rancia, con escala en el progresismo y en el liberalismo. No es raro que, si sumamos el efecto de la polarización, sea difícil mantener una conversación política en familia.

Las elecciones, que ganó la abstención con un 54,3 % de no votos (dato que evidencian el hartazgo y el miedo al contagio), aportan dos diferencias sustanciales frente a anteriores comicios. La primera es que el partido más votado ha sido el PSC-PSOE y que el principal vencedor de las elecciones es Pedro Sánchez, que sale muy reforzado. Salvo sorpresa mayúscula, Illa tendrá que conformarse con liderar la oposición. A corto plazo, el PSOE de Sánchez ha ganado más que el PSC de Iceta, que pronto será el de Illa.

Esta victoria en clave nacional fue reconocida por el propio Illa al felicitar públicamente a Iván Redondo por su papel como estratega en la campaña. Por cierto, resulta estéticamente sonrojante que un secretario de Estado, sin cargo orgánico alguno en el partido, dirija a pecho descubierto una campaña partidaria.

La segunda lectura es que, muy probablemente, el relato que se derive de la formación de un Gobierno de signo independentista sea el mismo de la anterior legislatura. Su mensaje central será de nuevo el derecho a decidir. Sin embargo, los principales protagonistas ya no serán los mismos. De hecho, el actor principal de la anterior legislatura, Carles Puigdemont, pasará a tener un papel secundario. Los nuevos actores (Illa y Aragonés) encarnan un perfil y un talante muy distintos y tendrán la oportunidad de cambiar el relato desde dentro.

Todos podemos contribuir a la construcción de este nuevo relato que necesita tanto Cataluña como España. El primer paso es que aceptemos la complejidad del escenario catalán y, a partir de un análisis menos emocional, evitemos opiniones de disparo rápido, demos una oportunidad a los nuevos protagonistas y recabemos miradas desde los distintos puntos de la geografía española. Por ejemplo, para mirar a Cataluña desde Galicia no es necesario cruzar por Madrid.

Por josé manuel velasco Profesor de Comunicación Política

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