Solo se puede ser un tímido gregario cuando se quiere seguir la estela de las greguerías únicas de Ramón Gómez de la Serna, esos crucigramas líricos. Ahora que pasamos horas confinados aprendiendo a ser jubilados, nada como barajar palabras, tal y como hacía el maestro Ramón. Las palabras son el combustible de la mente. Resumir el amor, por ejemplo, así: En un beso hay dos seres invencibles. El propio Ramón Gómez de la Serna anudaba su cuello con la mariposa que es una pajarita. La mariposa, de la que él decía, que posándose en todas las flores era la mecanógrafa del jardín. Un aforismo son pocas palabras que contienen el infinito. El aforismo cuando da en la diana hace sangrar al corazón y temblar a la mente. La letra z es la s que se da la vuelta y se queda tiesa al morir atravesada por la espalda por un puñal.
De la Serna tiene a su heredero visual en las fotos increíbles de Chema Madoz, el mago que es capaz de convertir una cinta métrica enrollada con dos alfileres en un caracol o que nos turba con esa imagen en la que la sombra de una cuchara es un tenedor. Todo lo que vemos es otra cosa, que escribió Pessoa, otro gran fingidor. Explicaba Ramón sus greguerías sin saber que estaba justificando a la vez las fotografías que, años después, haría Chema Madoz: «La imagen de una sola cosa ya no quiere decir apenas nada. Es necesario complicarla, injertarla en otras, herirla en el pecho. La vida tiene que desvariar, necesitamos complicar la bonachona transparencia de las cosas».
Hoy podría haber firmado que escribir en Twitter es como pretender dejar una huella en una playa inmensa justo antes de que suba la marea. O ser más directo y zanjar las fake news: las noticias falsas son las mentiras de siempre. A veces Ramón se ponía muy poeta como en esta belleza de frase: «Los gatos se beben la leche de la luna en los platos de las tejas». Borges también sabía iluminar las letras, hacer carambolas con el billar de las semejanzas: «Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar a un tigre».
Nada como proponer a los niños pequeños que todavía se bañan en inocencia que hagan plastilina con el diccionario. Su lógica puede ser alucinante. Mi hija le preguntó a una embarazada: «¿Te tragaste un niño?». Un adulto melómano puede considerar que Mozart, con su música alegre y ligera, viene a ser como tomarse dos martinis con el estómago vacío, un punto. El sol sería el incendio controlado del cielo. Y la luna, esa moneda de plata que hay que echar en el firmamento para que se enciendan las estrellas. Como un grito es la bofetada del lenguaje. Pero, con la pandemia que estamos sufriendo, anotemos esta greguería de Gómez de la Serna que resume la única verdad: . Felices juegos de palabras, o son ¿fuegos de palabras?