El caos de nunca acabar

Europa Press

Tengo escrito que vivimos instalados en un perpetuo caos. Primero negamos la pandemia, luego nos olvidamos de ella, y ahora navegamos entre la desolación, la nieve y una campaña de vacunación fantasmal. Como de costumbre, cuando vienen mal dadas dependemos de nosotros mismos y del azar. En la primera oleada del virus el Gobierno negó la realidad («como mucho, habrá uno o dos contagios», decía Simón), porque lo esencial era llegar al 8 de marzo como quiera que fuera o fuese, ya que, Calvo dixit, les iba la vida en ello. Y tanto que nos ha ido la vida, por desgracia.

Ocurrió que el Ministerio de Sanidad estaba despojado de competencias e infraestructura y no era más que un gabinete de estudios y programas. Mediante el decreto de alarma, el Gobierno asumió el mando único, confinó a la población y el resultado ha sido la mayor cifra de muertos por el virus en proporción al número de ciudadanos. Escaldado por el penoso resultado, en la segunda ola el presidente Sánchez huyó de la quema, traspasando la respuesta de un problema global a los ejecutivos autonómicos, que solo sirven para cerrar bares, llamar irresponsables a los ciudadanos, imponer normas que arruinan el tejido productivo y recortar libertades individuales.

Por si no fuera suficiente, ahora se afanan en almacenar vacunas para disponer de una reserva de seguridad, lo cual confirma que no somos un país de ciudadanos libres e iguales, sino que habitamos estaditos de pitiminí, en territorios fronterizos, en los cuales impera el «sálvese quien pueda».

Después de más de medio año diciéndonos que la solución definitiva sería la vacuna, ahora que hay vacuna, o vacunas, al descontrol organizativo con la vacunación se suma el caos autonómico. La ruptura de la unidad de mercado lastra el crecimiento y pone fronteras en un territorio supranacional que las suprime, pero, además, constituye una rémora para tratar con eficacia la gestión de la pandemia. Si la crisis financiera de hace doce años se llevó por delante el control político autonómico de las cajas de ahorro, la actual crisis sanitaria, económica y social debería servir para acometer una reorganización de las competencias sanitarias, que dé respuesta eficaz a este tipo de situaciones. Vana esperanza, porque ninguno de los partidos estatales está por la labor; por supuesto, no lo está el PSOE, enamorado del independentismo regional, ni un  PP fragmentado en 17, ni Ciudadanos, que ya no es casi nada, ni tampoco Vox, que ladra más que muerde.

Así pues, estamos abandonados a la suerte y sumidos en la tercera ola de la pandemia, sin un plan de vacunación, con una crisis económica y social como no se recuerda, mientras los enemigos de España continúan su eficaz labor de desmantelamiento del régimen constitucional, con paso firme y decidido hacia otro régimen en el que la libertad, la propiedad privada e incluso la propia vida serán bienes de graciosa disponibilidad para quienes detenten el mando, que entonces sí que sí, será único. A ello vamos a toda velocidad, sin que nadie nos defienda ni vele por nuestra integridad, pues ya se han encargado de adormecer a la sociedad. Esa vacuna sí que nos la han inoculado a sangre y fuego.

Por Francisco J. Pérez Bello Presidente de la Federación de Autónomos de Galicia

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